Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
está reñido con los cánones universales de la estética. Y, para la mayoría, está fuera de escala en un sector que obedece a las características propias de un barrio de me- diana altura. Covacevic afirma que, como volumen, no es mayor que el edificio de la Universidad Católica, localizado en la acera sur de la siguiente manzana, hacia el poniente. Pero, ¿son verdaderamente comparables? En efecto, ambos se desarrollan en una longitud cercana a los cien metros y en una altura próxima a los quince. La diferencia está en la relación que se establece entre el edificio y el viandante: el Diego Portales, hermético y hosti l; la Universidad Católica, permeable y atrayente. Los có- digos figurativos son, desde luego, enteramente distintos. En el curso del año 2007 el edificio Diego Portales perdió el extremo oriente de su placa, luego de un incendio incontrolado 1 70 . Fue el momento de reconocer que la des- trucción no siempre es sinónimo de pérdida. En algunos casos - como en este- tam- bién puede ser una oportunidad para enmendar un error, o bien para construir algo más cercano a lo que el barrio reclama. Tal como ocurrió, en cierto modo, en la Eu- ropa de posguerra, cuando las ciudades bombardeadas y vaciadas ofrecieron mucho terreno baldío para que la arquitectura de vanguardia erigiera unos cuantos edificios. Se podría afirmar -guardando las proporciones- que el edificio Diego Portales ha puesto a disposición, después del incendio, un terreno propicio para la experimen- tación arquitectónica. La convocatoria internacional hecha por el gobierno chileno resolvió que el nuevo destino del inmueble sea el Centro Cultural Gabriela Mistral (en homenaj e a la poetisa chilena, Premio Nobel de Literatura en 1945). Y viene la pregunta inevitable: ¿otro centro cultural, en circunstancias de que los varios que ya existen pasan una buena parte del año inactivos y no consiguen autofi- nanciarse? Pero el Diego Portales estaba condenado a una modificación mucho antes de que se produj ese el incendio. Ya en 1998 el arquitecto Ramón Delpiano había proyec- tado una remodelación que implicaba echar a tierra medio edificio. El alto costo de la demolición se superó con el incendio. Su propuesta consistía en abrir la Alameda hacia el norte, conectándola con el barrio histórico que se encuentra hacia el sur. Se trataba, asimismo, de proporcionar al edificio una suerte de atrio ceremonial, propicio para recepciones masivas. Las vacilaciones en tomo a una definición obedecen a razo- nes fundamentalmente políticas: siete meses después de ocurrido el siniestro recién se constituyó una comisión interministerial (Bienes Nacionales, Vivienda, Defensa y Cultura) con el fin de resolver qué destino tendría el inmueble. Consultados algunos destacados arquitectos chilenos, antes de la convocatoria del concurso, manifestaron lo siguiente respecto del edificio: Mathías Klot z: "Se inserta muy mal en el barrio. Aparece de modo chocante con estos grandes volúmenes opacos en chapas de acero pintadas. Lamento que en el incendio no se haya quemado complet o. Volver a construir esta especie de ataúd tendido en la Alameda me parece un error. Si yo hiciera un proyect o, no plantearía recomponer la volumetría de la placa, sino que sacaría todo lo que hay, dejando úni- "º http://www.bomba 18.cl/articulo 1/ feb_06/Dportales_emol.h tm. 302
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