Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Debió arribar Brunner a Chile para que surgieran las propuestas tendientes a conso- lidar el Barrio Cívico, teniendo siempre al edificio de La Moneda como punto de parti- da. Después de innúmeros estudios y algo más de un año de trabajo, el encargado de la Dirección de Obras Públicas de la época, don Carlos Vera 157 , logró la solución definitiva: propuso un conj unto armónico, cuya altura edificada tenía que superar la del resto de las construcciones cercanas. Se trataba, por otra parte, de desplazar el centro comercial hacia la zona sur. En agosto de 1937 el Decreto 3.424 aprobó las normas definitivas del proyecto. Pero fue el arquitecto austriaco Karl Brunner quien lo perfeccionó en su Plan Metropolitano para Santiago. A contar de entonces, la caja cívica ha sido afectada por escasas transfor- maciones 158 . Solo en 1951 el edificio de Toesca, el más claro y mejor ejemplo de arquitectura neo- clásica existente en Chile, fue declarado Monumento Histórico Qunto con la Iglesia San Francisco). Bombardeado durante el golpe de Estado, en 1973, quedaron en pie solo los mu- ros del antiguo sector norte del Palacio de La Moneda, pero se salvaron los del costado sur. Aun cuando se intentó recuperar su esquema original, algunas de las acciones resul- taron excesivas, ocultando la traza y expresión primitivas. Se aprovechó, por cierto, de reacondicionarlo con escaleras y ascensores. Asimismo, de actualizar sus instalaciones eléctricas y sanitarias. La Moneda es, con seguridad, el edificio público más importante que legó la Colonia y que opacó, inclusive, los inmuebles que enmarcaban la Plaza de Armas 1 59 . Tal vez las transformaciones más importantes se produjeron después del 11 de sep- tiembre de 1973, cuando el gobierno militar se hizo del poder. Fue restaurado -en parte reconstruido- por la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. El proceso de restauración fue paulatino y solo se concluyó en 1981. Se puede enten- der como una operación inclusiva, pues las acciones se confinaron a su interior y no tuvo efectos sensibles en el entorno. Cabe recordar que la última gran intervención que había experimentado el Barrio Cívico tuvo lugar en 1983, cuando se eliminó, por fin, el aparcamiento para automóviles que existía frente a la Plaza de la Constitución, hecho que acentuaba el deterioro y restaba valor al edi- ficio. Efectivamente, esta plaza que originalmente había sido proyectada como un extenso zócalo, se condenó, durante más de una década, a ser un gigantesco parque para vehículos 1 60 . La Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, en 1995, realizó un concurso de ideas para la revitalización del Barrio Cívico, el que entregó ciertas propues- tas de diseño urbano. Tres años después, esta división del Ministerio contrató el estudio para revitalizar el centro de la capital y definir la estructura y la imagen urbana de San- tiago del siglo XXI. m Arquitecto de la Universidad de Chile. 15k René Martínez L., Vías y calles, en Revista CANº 27 (Co legio de Arquitectos de Chile), Santiago, 1980, pp. l-3. 15 ' ' Eduardo Secchi, óp. cit., pp. 29-34 . ir,, Sebastián Gray Avins, Fragmentos urbanos, en "Santiago Centro un siglo de transformaciones", Ilustre Municipalidad de Santiago, Dirección de Obras Municipales, Santi ago, 2006, p. 74. 295

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