Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
ya es parte de la actual iconografía urbana y, por ende, de la presente y futura memoria colectiva. El interior del edificio nuevo procura ser contemporáneo, sin privación alguna. Se pretende expresar esta contemporaneidad a modo de contraste con el original, desli- gándose en lo posible de cualquier adscripción sentimental o fijación morfológica con el pasado. Han desaparecido por completo los últimos vestigios del reiteradamente alterado esquema original, que no en vano ha albergado muy diversos destinos. Al respecto de la misma intervención, el arquitecto Rodrigo de la Cruz ha señalado: Los aspectos funcionales no constituyen, en este caso, parte de la intervención, puesto que se han mantenido cuidadosamente aparte. El hotel, en lo relativo a su funcionamiento, no establece ninguna relación con las fachadas del antiguo palacio, a excepción del acceso, cuya solución está previamente determinada: Por lo anterior, el hecho radical de esta obra es la intervención de un edificio por la in- clusión de otro, con la posibilidad de establecer una relación y síntesis entre dos lenguajes, dos escalas, dos sistemas dimensionales y dos relaciones con el lugar. El Palacio tiene una volumetria simple, constituida por un paralelepípedo recto, de caras regulares. El nuevo edificio, por el contrario, presenta una volumetria compleja, en la que caras curvas y rectas, escalonadas o sobrepuestas, se integran en una totalidad dudosa, donde el aporte del color y los vanos otorgan algo de unidad. Por lo tanto, si el lenguaje de los planos es contrapuesto, el de los volúmenes también lo es. A la esquina rec- ta del Palacio se opone la esquina curva del hotel; al predominio de la horizontalidad en el Palacio se contrapone el predominio de la verticalidad de la torre. En general, domina el juego de contraposiciones. De polaridad. La simetría estricta y rigurosa del edificio original no encuentra respuesta en la asime- tría del nuevo. El sistema dimensional de la obra original posee la fuerza de la proporción, de la relación medida de cada parte con el todo, la unidad cerrada de la forma, la correcta y sistemática transición entre un elemento arquitectónico y el siguiente, conformando un todo plástico. La nueva obra no tiene estos atributos. Los escasos elementos que posee no se reúnen en un todo, que como tal solo busca integrarse en un futuro perfil de edificios en altura, que la avenida podría tener, con lo que su aporte es condicional y supuesto. La operación realizada revela algo muy común en las obras actuales: la falta de consistencia arquitectónica propia, el buscar en restricciones "externas", reales o no, la justificación de la propuesta. La fuerza propia de la arquitectura del Palacio Rivas, su autonomía autorreferente, y por lo tanto, referente de su entorno, no fue equilibrada por la otra arquitectura. Esto pesa y actúa sobre el total, produciéndose la pérdida de la intensidad. Es indudable que se leen dos obras y no una. La síntesis no se produce y no emerge la obra nueva 152 . is2 Rodrigo de la Cru1. B., Critica a Obras de Reciclaje, en Revista CA (Colegio de Arquitec tos de Chile) Nº 87, Santiago, pp. 25-28. 293
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