Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
A pocos metros, la estatua del venezolano Simón Bolívar clava su mirada hacia el noreste. "La gl.oria está en ser grande y ser útil", recuerdan las palabras inscritas en la base. El busto de un hombre sin fili ación ni identidad comprobables da la espalda. Mira hacia el poniente, cerrando el desfile. Más allá, las publicidades gigantes llenan la pers- pectiva. Algunas acciones nonatas en Santiago Para bien o para mal, una buena parte de los edificios recientemente intervenidos en Santiago son producto de encargos institucionales. De allí que el resultado muchas veces tenga relación con los imperativos programáticos y su correspondiente imagen corporati- va. De allí que, también, sea necesario hacer algunas concesiones y, además, correr contra el tiempo. La prisa contemporánea a menudo genera soluciones urgentes, escasamente razonadas. Pero nada justifica que esas soluciones cifren su interés en el impacto comer- cial antes que en el propiamente arquitectónico. Es obvio que debe exigirse una mayor aproximación a la ortodoxia del urbanismo sensa- to y a la lógica del buen hacer. De hacer una ciudad grata para vivir. Pero ya no es raro que los arquitectos conciban proyectos de dimensiones incontroladas. Proyectos que no es posible materializar por exceso de fantasía y falta de recursos. Abundan, por lo mismo, los proyectos inconclusos, aquellos que se inician con entusiasmo delirante y se diluyen hasta el olvido. Los afanes de grandilocuencia, revividos con motivo del Bicentenario de la Inde- pendencia -se anunciaron colosales proyectos para inaugurar el año 2010-, también se sucedían durante la segunda mitad del siglo pasado. Unas cuantas de las grandiosas ideas han servido solo para engrosar los archivos de las instituciones fiscales. Metas imposibles, utopías sin destino. ¿O incapacidad de perseverar hasta conseguir el objetivo? Se puede recordar, sin esfuerzo, algunas obras nonatas que tienen directa relación con la Alameda Bernardo O'Higgins. El Barrio Cívico, por ejemplo, cuya idea original es obra del urbanista vienés Karl Brunner (autor del Plano Regulador de Santiago entre 1932 y 1936) fue objeto de una serie de proyectos fallidos, que culminaron con la definitiva oclusión del acceso sur de la Avenida Bulnes. Eso ocurrió en 1981, cuando se construyó el Cenotafio de don Bernardo O 'Higgins, tras el concurso público ganado por el arquitecto Juan Echenique 143 • Esta obra, conocida popularmente como el Altar de la Patria, es representativa del régimen mil itar que imperó en Chile durante el último cuarto del siglo XX. Otro proyecto que incidió decisivamente en el tejido urbano del núcleo pericentral de Santiago fue la construcción de la Avenida Norte-Sur (hoy Autopista Central), que corta perpendicularmente la Alameda, atravesándola por debajo. Los profesionales encargados del proyecto estaban empecinados en resolver un proble- ma de tránsito, indiferentes al hecho que est a vía se constituía en una escisión irreversible en la trama original. Poco tiempo después, la CORMU (Corporación de mejoramiento Urba- 1 ' 3 René Martínez L., Santiago: una ciudad i11conclusa .. ., en Rev ista i\UCA (Arquitectura/ Urban ismo/ Construcción/ Arte) Nº 50-51. Santiago, 1986, p. 20. 286
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