Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

En algunos puntos las aceras llegan a tener menos de 3,50 metros de ancho útil -don- de la necesidad de espacio debería ser mayor-, debido a la aparición de las bocas de los accesos al tren subterráneo. El Colegio de Arquitectos intentó imponer una idea distinta, pero no prosperó. Bási- camente, sus objetivos eran: • Concentrar los carriles de vehículos de cada lado hacia el centro, separándolos por una faja de 8 metros, suficiente para contener las ventilaciones del tren subterráneo y permitir el giro eventual de vehículos, de acuerdo con el criterio adoptado de supri- mir las vías de cruce. • Ensanchar al máximo las aceras, con lo cual se habría logrado: - Recolocar los monumentos en las aceras, en interacción con los edificios y con los propios transeúntes. - Arborizar las aceras, complementándolas con jardineras, piletas y bancos. - Distanciar las pistas vehiculares de las bocas de los túneles del Metro, a fin de proteger a los usuarios del mismo. Sobre la estatuaria Aun cuando su incidencia en el espacio urbano es relativa, vale la pena consignar algunas de las estatuas más importantes sembradas a lo largo de la Alameda Bernardo O 'Higgins. Desde la Plaza Italia hacia el oriente comienza un silencioso desfile de figuras está- ticas; héroes de pluma o sable reproducidos en piedra o metal y sometidos al eventual escrutinio de los habitantes que les sobreviven. Las estatuas son como las esperanzas, que hay que ir a ver porque no se molestan, decía Julio Cortázar en "Cronopios y famas". El Cuerpo de Caballería del Ejército de Chile erigió, en 1943, la estatua del general Manuel Baquedano. Erguidos sobre su cipo de piedra, el jinete y su cabalgadura observan concentrados la margen norte del río Mapocho, mientras una mujer les ofrece una trenza de hojas de acanto y un centinela de carabina con bayoneta calada cubre la retaguardia. Como Consejero de Estado, el general rechazó en dos oportunidades la candidatura a la presidencia: sabía más de armas que de razones de gobierno. Fuera de sus campañas militares, en los enclaves peruanos de fines del siglo XIX, Baquedano tuvo la misión de entregar el poder a la Junta que derrocó a Balmaceda. Apesadumbrado y embutido en su butacón de granito, al pie del frontis de la Univer- sidad Católica, reposa el ex Arzobispo de Santiago Crescente Errázuriz. En su juventud alternó las Humanidades y las Leyes con la administración de los trabajos realizados en las minas de su hermano Maximiliano. Tal vez, harto de regentar los socavones en los que suele merodear el diablo, escribió los Orígenes de la Iglesia Chilena. Ungido en la Catedral de Santiago el 30 de enero de 1919, Errázuriz alcanzó los máximos hábitos bajo el gobierno de Sanfuentes; esta condición le permitió, tiempo más tarde, representar a la institución religiosa en las conversaciones tendientes a separar la Iglesia del Estado; la nueva Constitución de 1925 acogió sus convicciones. Al cabo de unos cuantos centenares de metros hacia el poniente, a la altura de Diagonal Paraguay, se yergue la figura de Fermín Vivaceta, un precursor y líder del mutualismo continental. Del directorio de la Sociedad de Artesanos de La Unión es 284

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