Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Entre la plaza Baquedano y la calle San Francisco hubo dos líneas de tranvías, ro- dando por vías metálicas, que llegaban hasta Ñuñoa y Providencia. No tardaron mucho tiempo en ser sustituidas por los automóviles' º 3 . El e)(tremo oriente de la Alameda siempre fue un hito urbano determinante. Hoy es la Plaza Baquedano, que en su origen se conocía como Plaza Colón. Cambió su nombre por el de Plaza Italia en 1910, cuando se celebraba el centenario de la independencia chilena: entre los muchos regalos recibidos por el gobierno llegó el de Italia, que consistía en la estatua de un arcángel acompañado de un león. Se instaló de inmediato en la Plaza Colón y, a partir de entonces, pasó a llamarse Plaza Italia. Ya en tiempos de Benjamín Vicuña Mackenna 10 4, al remodelarse la plaza (1927), se colocó en su centro la estatua del General Baquedano, tal como permanece hasta la actualidad. La plaza - cualquiera que haya sido su nombre- fue un constante problema por su trazado desde 1950, debido al creciente tráfico vehicular que debía regular en torno a sí. Hasta su óvalo central confluyen muchas arterias: Avenida Providencia, Avenida Tajamar, el puente Pío Nono, la calle Merced y el parque Forestal; la propia Alameda, Avenida Vicuña Mackenna y, algo desplazado, el parque Bustamante. El magnetismo de este nodo santiaguino ha convocado, sucesivamente, los tranvías de fines del sigo XIX, la Estación de Ferrocarriles Pirque, los trolebuses, el automóvil. Las modificaciones han obedecido, en su mayoría, a necesidades funcionales antes que amo- tivaciones espaciales o urbanísticas. Cuando el arquitecto austriaco Karl Brunner incluyó en sus estudios el Ferrocarril de Circunvalación, cayó en la cuenta de que se produciría un divorcio entre los secto- res situados al oriente de dicha vía -actualmente el Parque Bustamante- y el núcleo central de la ciudad. Recomendó, entonces, que las estaciones se desplazaran hacia el sur (Avenida Matta). Una de las consecuencias fue el cierre de la Estación de Ferroca- rriles Pirque, en 1941, posteriormente demolida. No obstante, hasta 1962 los coches eléctricos seguían llegando a la Plaza Baquedano, unos metros más al sur de la desapa- recida Estación. En 1963, tras caducar la concesión, el ferrocarril eléctrico se levantó por completo. Avanzando hacia el poniente, dos plazuelas desahogaban la Biblioteca Nacional para mostrarla como un edificio aislado: hacia el oriente, la plaza Vicuña Mackenna; hacia el poniente, la plaza Barros Arana, cuyo espacio se ha compartido entre un jardín interior y un sector más público, utilizado por artesanos. En 1920 el bandejón central seguía arborizado; hacia 1950 dos hileras de árboles -una al sur y otra al norte- recorrían el sector oriental de la Alameda. Hasta la década de 1930-1940 aún persistía un cordón de casas continuas que oculta- ba la falda sur del cerro Santa Lucía 105 . Solo entonces se decidió la definitiva integración de este peñón -ya convenientemente forestado- con la Alameda. 103 Cecilia Guzmán y Angélika Oddoy, 2003, óp. cit. , p. 53. w, Eugenio Orrego Vicuña, Vicwia Mackemia y la rransfom,ación de Sa,zriago: Santiago e11 su Cuarto Cen tenario, en Saúl Schkolnik, "Histori a de la Alameda", Departamento de Historia de la Arquitectura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chil e, Santiago, 1955, p. 76. io! Cecilia Gu,:mán y Angélika Oddoy, 2003, óp. cit. , p. 53. 263

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