Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Otras destacadas construcciones palaciales en la Alameda de entonces fueron las de Miguel Barros Morán (obra del arquitecto Manuel Aldunate, construida en 1852); la de la familia de don Domingo Fernández Concha -proyectada por Brunet De Baines-; el Palacio Urmeneta; el Palacio Vergara; el Palacio Elguín; la casa del General Bulnes. • La Casa Rivas fue uno de los tantos inmuebles con sello republicano destinado a resi- dencia en la Alameda. Conocida desde antaño como La Casa Rivas, pertenecía a una familia que habitó junto a La Cañada y San Lázaro. Don Juan Francisco Rivas encargó al arquitecto Italiano Eduardo Provasoli una casa que alojara perfectamente, además, la actividad vinícola que ejercía. Años más tarde el inmueble acogió a colegios, ofici- nas y, finalmente, a la "Ferretería Montero". Se le conoció, a contar de entonces, como "Casa Montero". 95 Situado en la esquina norponiente de Avenida Bernardo O'Higgins y calle San Martín, este inmueble de fines del siglo XIX, de dos niveles, acepta, formalmente, al- gunos cánones neoclásicos. Del diseño original del autor solo sobrevive el envoltorio: una construcción de muros macizos, calado por grandes vanos con arcos de medio punto en el primer piso, simulando un portal 96 . El segundo, en cambio, tiene vanos rectangulares, coronados de frontones curvos y triangulares. La ornamentación de las fachadas es abundante: pilastras con capiteles jónicos en primer piso y corintios en el segundo. El acceso es destacado por un frontón en el antetecho. Interiormente los espacios -hoy desaparecidos- fueron amplios y de grandes dimensiones. La estructura principal es de albañilería de ladrillo y el envigado de entrepiso, me- tálico. Antes, una espléndida residencia; más tarde, una ferretería; hoy, el "Hotel Diego de Almagro". El edificio fue abandonado en 198l por su mal estado de conservación. Dos años después se declaró Monumento Histórico. El terremoto de 1985 y un posterior in- cendio dañaron parcialmente su estructura. Un informe del ingeniero contratado por los propietarios recomendaba demolerlo; el informe del Ministerio de Obras Públicas afirmó, contradictoriamente, que se podía consolidar. Cuando el inmueble fue adqui- rido por su actual propietario, en 1993, encargó que lo convirtieran en un hotel. Un año después, inexplicablemente, el proyecto fue aprobado por el Consejo de Monu- mentos Nacionales, aceptando un irreversible vaciamiento. El Consejo se conformó con la conservación de las dos fachadas en ángulo recto, de dos pisos, vagamente neorrenacentistas 97 . Y retranqueado respecto de ellas -porque lo exige la ordenanza municipal- se propuso una torre de l O plantas de altura. La discordancia entre la fachada histórica y el edificio que se alza con prepotencia detrás de ella habla de una nueva pérdida 98 . 9 s Roberto Montandón P., Inventario de ui arquitectura en Chile, en Revista CA Nº 14-15 (Colegio de Arquitectos de Chile), Santiago, 1975, p. 32. "" Fernando Riquelme S., óp. cit., p. l 3. ' 17 Eduardo San Martín, Tradición y Modemidad, Revista CANº 83 (Colegio de Arquitectos de Chile), 1996, pp. 44- 47. ''" Antonio Sahady V., lniervenciones recientes en la arquitectura del pasado, en Rev ista CA Nº 83 (Colegio de Arquitectos de Chile), Santiago, 1996, p. 31. 261

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