Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
debido resistir, periódicamente, los espasmos del progreso que, de cuando en cuando, la asedian. Reglamentada y levantada según los cánones de la primera ley urbanística de la Edad Moderna dictada por Felipe II en 1573 25 , se convirtió, durante varios siglos, en hito referencial de la ciudad merced a la altura que alcanzaron las torres de la iglesia y la del Cabildo. Las imágenes revelan las modificaciones que ha experimentado a lo largo de su histo- ria, asimilando, de paso, las sucesivas tendencias del paisajismo en boga. La aparición del tren subterráneo y la convicción de que hacía falta despejar las fachadas norte y poniente de la plaza impulsaron los cambios mayores en las últimas décadas. Segunda Parte: Otros focos de valor histórico La Segunda Parte aborda algunos de los principales núcleos cuya marca histórica es ma- nifiesta en la ciudad. Son precisamente aquellos núcleos que permiten reconocerla y otorgarle algunos rasgos distintivos. Hurga en los centros que han dejado una cicatriz en la ciudad, caracterizándola, identificándola, hincando su tatuaje único. Capítulo 5. El orden español en el territorio americano La experiencia secular de la península ibérica se trasiega hasta América. Las costumbres, los usos y, por cierto, la concepción urbana. En efecto, cuando la Corona Española codifi- ca los principios que regularon la localización y el trazado de las ciudades americanas, se vale de su conocimiento acumulado por muchas generaciones. Ya en los siglos XII y XIII se empezaba a vislumbrar la traza militar en diversos po- blados de Navarra, como Viana, Sangüesa y Puente La Reina. Algo similar ocurre con Almenara, Villarreal y Nules. En todos ellos está el germen de lo que serían las nuevas ciudades americanas. Capítulo 6. Plazas y templos, inevitables focos históricos Según Bohigas, la ciudad es un espacio público porque es de dominio público; es decir, un lugar donde se expresan y se aúnan voluntades para que la ciudadanía se represente en sus derechos y deberes. Es allí donde se da el encuentro de lo diverso y, a veces, de lo co- mún .Ampliando la escala, es posible detectar, en el tej ido de la ciudad, ciertos focos que alcanzan un valor autonómico por su conformación excepcional o porque los determina algún hito arquitectónico o urbano. No es extraño descubrir algunas coincidencias: las aperturas de interés que permite la trama están asociadas, muchas veces, con remansos de solaz; pero también con la arquitectura religiosa. Al igual que las plazas, los templos demandan un espacio de desahogo, proponiendo una pausa natural en medio de la verti- ginosa continuidad de la ciudad actual. 25 Jaime Matas Colom, óp. cit. , p. 19. 26
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