Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Grande es la gran casa que alberga individuos no individualizados, cada uno atrapado por las normas que rigen el circulo social y religios. La sociedad aristocrática ha construido a lo largo de su historia y, por medio de su tradición, un modelo de vida paralizante que la lleva a la autodestrucción 85 . Es la clase media la que aporta escritores, músicos y pintores. La mayoría nacionalis- tas y comprometidos con los problemas sociales, ofrecen respuestas diferentes; atisban lo indígena, las raíces populares, el folclore campesino y urbano, la zarzuela española. Impulsan una bohemia que se tutea con la noche y no tiene escrúpulos para amanecer en la propia Plaza de Armas 86 . Fueron muchos los intelectuales que abordaron los pro- blemas locales y criollos -sobre todo vinculados con el campo- como un modo de reac- cionar frente a la ola de piezas literarias que llegaban desde Europa a nutrir el escuálido panorama chileno. La clase dirigente hacía patente su decadencia: El país quiere hombres nuevos y emprendedores Dejen a Reyes, a Barros Luco, a Montt y a Lazcano como reliquias inservibles de nuestro pasado histórico 87 . Eran, sin duda, los años de esplendor de los palacios en Santiago. Se trataba de vivien- das de gran distinción, las más expresivas de la época. Los palacios fueron el escenario propicio para que se desarrollara una nueva forma de vida, tanto en apariencia como en significado. Antes de 1879 la clase dirigente chilena reveló poca tendencia al boato. Sus bienes des- cansaban en el campo, en la producción agrícola; declaraba su amor a la tierra y a las glorias nacionales. Revisando relatos de viajeros y los diarios de la época, se comprueba que sus gustos eran sobrios y sus hábitos sencillos. Más tarde, las grandes fortunas obtenidas en las minas y en las especulaciones fomentaron el gusto por los viajes y el refinamiento. El auge de los palacios o residencias con ambiciones de tales corresponde a un periodo historicista, el que, a su vez, era reflejo de una corriente estética europea pos- romántica. Se extendió en el país a través de la labor de profesionales extranjeros y a la nueva traza urbanística de Santiago, que había iniciado el intendente Vicuña Macken- na. Pereira Salas describe las transformaciones que sufrieron las viviendas al convertirse en palacios: el frontis se alarga, aunque queda centrado en un acceso que sirve de eje principal. El mármol de las graderías sirve para dar el tono y concentrar la vista que es atraída igualmente por su mayor altura. El segundo piso simplifica la composición, repitien- do los motivos en un juego armónico de puertas y ventanas. Un friso de remate cum- ple también la faena de disimular la techumbre de teja y eleva la altura, conservando las proporciones clásicas de los cuerpos principales 88 . 85 Regina Valdés Bowen, Casa Grande en "Arte, identidad y cultura chilena, 1900 - 1930", Fidel Sepúlveda Editor, Pontificia Universidad Catól ica de Chile, 2006, p. 362. 86 Miguel Laborde, óp. cit., p. 18. 87 Mario Góngora, Ensayo Histórico sobre la Noción del Estado en Chile en /.os siglos XIX y XX, 8• Edición, Editorial Universitaria, 2003, p. 194. 88 M • G • • • 207 ano ongora, op. cit., p. . 258

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=