Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

nuevas fortunas, provenientes de la minería, industria, comercio y crédito, representa- ban el 84,3%; las del mundo agrario, en cambio, solo un 15,7% 77 . Entre los integrantes de este nuevo grupo social estaban los descendientes del ban- quero y habilitador minero Agustín Edwards Ossandón; del forjador de la industria del carbón Matías Cousiño; del minero y fundidor de cobre José Tomás Urrneneta; del co- merciante y productor de azúcar José Tomás Ramos; del fundidor inglés Carlos Lambert; y del industrial alemán Carlos Anwandter. También hubo otros empresarios, que si bien no destacaron por su fortuna, lo hicieron por su capacidad emprendedora y creativa: es el caso de José Santos Ossa, explorador del norte y descubridor del salitre de Antofagasta; y el de Silvestre Ochagavía, pionero de la industria vitivinícola nacional. El lugar privile- giado en que eligieron vivir fue el sector que sería conocido como el "Barrio Dieciocho". Un tipo arquitectónico característico de ese periodo de esplendor de la economía chilena fue el palacio. Y la Alameda -de preferencia en el tramo limitado por la calle Teatinos, por el oriente y la Estación Central, por el poniente-, uno de los escenarios preferidos de los mineros adinerados y los emergentes capitalistas 78 . Y es que el fin del siglo XIX mostraba la fuerza de la oligarquía chilena en la fastuo- sidad de sus mansiones. No debe olvidarse que la familia era una institución vigorosa en esa época. A1 igual que en Londres o en París, las tertulias -generalmente encabezadas por mu- jeres-, permitían conocer escritores, viajeros, exploradores, políticos y un sinnúmero de personalidades internacionales; los lugares de reunión se convertían en verdaderos cen- tros culturales privados. Destacó, entre aquellas mujeres que concentraban una buena cuota de poder, la hija del presidente Manuel Bulnes, que mantuvo los encuentros socia- les hasta 1930, muy cerca de la Plaza de Armas. A contar de 1903 ya formaron un movimiento declaradamente feminista, demostran- do que no siempre las ideas se gestaban en espacios identificados con el poder masculino. Más que en el Congreso o La Moneda, las decisiones se tomaban en centros sociales o asociaciones concurridas por notables: el Club de la Unión, el de Septiembre, el Club Hípico, algunas mansiones de prominentes hombres públicos que mantenían tertulias en sus salones y también las logias masónicas o círculos ligados a la Uni- versidad Católica 79 . Mientras tanto, la ciudad seguía creciendo. Cabe recordar que hacia 1875 el radio urbano abarcaba unas 1.500 hectáreas: desde el Cementerio General, por el norte, hasta el Ma- tadero Público, por el sur; y desde el Seminario Consular, por el oriente, hasta la Quinta Normal, por el poniente. A partir de entonces y hasta la segunda década del siglo XX el Parque Cousiño vivió su apogeo. Durante ese periodo la oligarquía aristocratizante se instaló en las proximidades del parque, para disfrutar de sus beneficios. 77 Fernando Riquelme S., La nueva plutocracia y los palacios, Revista CANº 22 (Colegio de Arquitectos de Chile), p. 13. 78 Cecilia Guzmán y Angélika Oddoy, 2003, óp. cit., p. 42. 79 Cristián Gazmuri, Política y Sociedad en Chile (1891 -1973): Historia y presente, una visión interdisciplinaria, editor Alfredo Riquelme, Universidad Católica de Chile, 1996, p. 38. 256

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