Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
venían del neoclasicismo europeo. Con todo, Toesca comprendió la realidad americana y supo adaptar a ella su obra. Es un hecho que el más importante trabajo que realizó en Chile y que da relieve al periodo colonial es el edificio de La Moneda. A partir de él creció el Barrio Cívico, constituyéndose en el área de referencia inevitable. A contar de 1850 se crearon unas cuantas calles nuevas en el sector occidental, per- pendiculares a la Alameda, agregándose a las que existían hacia el oriente (calles del Carmen, de San Isidro, Santa Rosa, San Francisco, que, dicho sea de paso, valorizaban las propiedades de los frailes). Fue así como, entre 1850 y 1872, se abrieron al ajetreo cotidiano por lo menos siete calles en su extremo poniente -también algunas otras en el sector oriental- ligando de esta manera el sur y el centro de Santiago. Ahora sí, el nexo lo constituía la Alameda. A modo de recuento, algunas de las calles que se crearon hacia el poniente, arrancan- do desde la Alameda hacia el sur: la calle Dieciocho (1850); la de Bascuñan Guerrero (1860); la calle Nataniel (1864); la calle Exposición (1868); Avenida Ejército Libertador (1872) . En 1865 se abrieron, a solicitud de don Enrique Meiggs (acaudalado aristócrata de la época), la Avenida República y calle Capital (actual Avenida España) . Por su parte, los carros de sangre, inaugurados en 1857, contribuyeron a relacionar la Alameda con las calles por donde transitaban. La est ación de partida estaba frente a la Universidad de Chile. Hasta entonces eran escasos los edificios públicos que se habían construido a la vera de la Alameda. Apenas algunas iglesias y otros inmuebles, también de carácter religioso, como la Casa de Recogidas. Durant e la segunda mitad del siglo XIX, sin embargo, emergían edificios de variada índole, entre los que destacan el Club de la Unión y la Estación Central. El paulatino desarrollo de la ciudad convirtió a la Alameda en su eje geométrico. Hasta 1850 la aristocracia se identificaba con la Alameda y había hecho de ella su paseo familiar predilecto. Pero las clases sociales nacientes comenzaron a disputar su predominio. Las líneas de movilización colectiva, los edificios públicos, las calles recientes, contribuyeron a popularizar la Alameda, que ahora se llenaba de vida no solo durante los días festivos. Prevalecían los paseos a pie. Sin embargo, el ferrocarril y los coches de posta, que aumentaban paulatinamente, fueron restando tranquilidad al paseo 68 . Hacia fines del siglo XIX el llamado "carrito urbano" transitaba por Estado y Ahuma- da, vale decir, desde la Universidad de Chile hacia el norte. Poseía, además, otras rami- ficaciones hacia el sur de la Alameda. El primer tranvía eléctrico corría en Santiago por primera vez el 2 de septiembre de 1900. En 1872 el número de vehículos ya había aumentado considerablemente y en esa fecha fue necesario fijar varios puntos de estacionamiento en Santiago y en la Ala- meda: entrada de la calle Lira, Plazuela del Carmen, San Francisco y San Lázaro, la cuadra frente al Club de la Unión, entrada de la calle Dieciocho, ambos costados de 1 ·• Ceci lia Guzmán y Angélika Oddoy, 2003, óp. cit., p. 42. 251
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