Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

se inmovilizaba: ¿cómo podía crecer hacia el oriente si estaba frenada por la infranquea- ble presencia de las Carmelitas de San José? ¿O hacia el poniente, si se interponía los dominios de la orden jesuita? Por sobre las decisiones humanas que estimulaban las modificaciones de La Cañada prevalecían otros factores: los que imponía la naturaleza con su fuerza imponderable. Por un lado las inundaciones; por otro, los cataclismos, que arrasaron con casas, ranchos, iglesias y edificios públicos. Del terremoto de 1647, por ejemplo, quedaron en pie la igle- sia de San Juan de Dios y la de San Saturnino. En cambio, se desplomó por completo la Iglesia de las Claras. La Iglesia de San Francisco, en tanto, perdió su esbelta torre. En 1703 se puso fin a la construcción del Convento de las Carmelitas de San José. Nueve años más tarde el presidente Juan Ustariz ordenó que se erigiese la Ermita de San Miguel en el sitio que hoy ocupa la iglesia de la Gratitud Nacional, justo donde la Alameda adopta el nombre de "Cañada de San Miguel". Ya en 1726 el Monasterio de las Capuchinas se instaló al norte de La Cañada, a la altura de lo que hoy es Presidente Jorge Alessandri 43 . Hacia 1775 se creó la Parroquia de San Lázaro, entre la calle Las Cenizas - hoy San Martín-, y la de Los Baratillos Viejos -actualmente Manuel Rodríguez-. Los desastres se sucedían: el terremoto de 1730 derribó casi todas las iglesias que exis- tían entonces. El desborde del río Mapocho, en 1783, contribuyó con lo suyo. Pero a pesar de los renovados refunfuñas de la tierra y de las aguas, persistía el empeño por reedificar parte de lo destruido. Empezaba a expandirse el uso del ladrillo y la piedra como un antídoto ante los ataques naturales. Tiempos en que las influencias extranjeras recalaban en Santiago. Este hecho no es indiferente para la Alameda: Joaquín Toesca y Ricci, que arribó a Chile en 1778, provocó una importante transformación en el borde de la Alameda. Emergió la arquitectura laica de palacios y edificios institucionales. Discípulo de Fran- cisco Sabatini, sembró la semilla del neoclásico en su obra más celebrada: el Palacio de la Moneda. En su origen Casa de Moneda, tenía que contener tanto recintos para las máquinas como habitaciones para el personal. El terreno primitivamente propuesto pertenecía a los jesuitas. Pero algunos problemas técnicos sugirieron su traslado hasta el en1plazamiento actual. En 1782 se inauguró el Hospital de Mujeres de San Francisco de Borja; quince años después se construyó el Hospital San Juan de Dios, a un costado de la iglesia y sobre el Hospital del Socorro. • Hospital San Juan de Dios El Hospital del Socorro, erigido en medio de una chacra de la Cofradía de Nuestra Señora del Socorro, tuvo como fundador y Patrono a don Pedro de Valdivia. Empla- zado al oriente de la iglesia de San Francisco, entre las actuales calles de Santa Rosa y San Francisco, cambió su nombre, en 1617, por el de San Juan de Dios. El terremoto del 13 de mayo de 1647, sumado a las torrenciales lluvias de un invierno particular- mente crudo, terminaron por abatirlo 44 . 43 Cecilia Guzmán y Angélika Oddoy, 2003, óp. cit., p. 26. " Ibídem. 244

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