Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

En 1600 Santiago ya tenía 1.500 habitantes. Pero su extensión no superaba el río Mapocho por el norte y alcanzaba hasta La Cañada, por el sur; el cerro Santa Lucía por el oriente y la chácara de don García Cáceres (actual Av. Brasil), por el poniente 23 . Entre 1670 y 1682, bajo el gobierno de Juan Henríquez, se construyeron los primeros tajama- res para el río Mapocho, a modo de defensa de las inundaciones. Entretanto, La Cañada se convertía en el cauce seco del río. Una primera alameda se esbozó en 1606, cuando se solicitó al Cabildo arborizar La Cañada. Pero el devastador terremoto de 1647 echó por tierra la iniciativa 24 . Ya en el primer cuarto de siglo se tuvo conciencia del progresivo valor que adquirían los terrenos próximos a La Cañada: Que todas las dichas tierras de la cañada pertenecen a esta ciudad, así por haber tenido por cañada desde su fundación, como ser títulos de demasía, y así acordaron y man- daron que perpetuamente como está la cañada se quede, y la dejen por tal y que no se venda en manera alguna. Y si se vendiese, la venta sea ninguna y sin prescripción 25 . En los inicios del siglo XVII el crecimiento territorial de la ciudad fue apenas perceptible. Resultaba difícil sobrepasar los umbrales determinados por el río Mapocho y La Cañada. Hacia el poniente se oponía la resistencia de La Cañada de García Cáceres. Pero había algunos avances: desde 1682 ya se contaba con una vereda para el tránsito peatonal, en el sector de los solares dispuestos al norte de La Cañada. Al sur no había más que chácaras 26 . Advertidos del peligro de que la ciudad pudiera crecer desordenadamente, el Cabildo autorizó la participación de un alarife para ordenar el trazado, neutralizando las arbitra- rias divisiones que hacían las órdenes religiosas en las chácaras que poseían. De manera casi espontánea la ciudad se fue desarrollando hacia el sur de La Cañada 27 . Pues bien, durante las primeras décadas del siglo XVIII La Cañada asoma como el pa- seo santiaguino por consolidarse: los jesuitas se encargaron de plantar árboles; en el sector opuesto -La Cañada de San Francisco-, el presidente Ortiz de Rosas fue quien, en 1746, dispuso la plantación de sauces en el sector oriente. Sin embargo, la incontenible crecida del río, en el invierno de 1783, derribó todo cuanto encontró a su paso. La riada rompió primero al oriente arrasándolo todo. Cuando creíase que esta sangría salvaba la ciudad, cedieron las defensas y el alud se precipitó por lo que ahora es la Alameda... 28 . La Cañada urdía su morfología con parsimonia. Se sucedían los tejados uniformes, las tapias rudimentarias, la maciza presencia de los conventos custodiados por las torres de sus iglesias. Eran estos los inequívocos referentes de la ciudad. 23 Carlos Peña Otaegui , óp. cit . p. 456. 24 Saúl Schkolnik, óp. cit., p. 47. 2 s Libro Becerro o Primer Libro del Cabildo de Santiago, 1627. Citado por Carlos Cortés en Renovación de la Alameda Poniente. Tesis de Titulo, Pontificia Universidad Ca tólica de Chile. Facultad de Arquitec tura y Bellas Artes, 1976. 26 Saúl Schkolnik, óp. cit. , p. 21 . 27 René Martínez, óp. cit., p. 30. 28 Leopoldo Cas tedo, Resumen de la Historia de Chile, Editorial Zig-Zag, Santi ago, 1954, p. 15. 241

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