Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

simétrico impusieran, por su sola presencia, un respeto especial; o que, sabiamente com- puestos, tuviesen la facultad de representar el poder. Los elementos secundarios y la ornamentación juegan un papel complementario que, sin duda, también contribuye a comunicar. Es cierto, además, que los mismos elementos, convenient emente simplifica- dos, se emplean para vestir la arquitectura más modesta . A veces se precisa don de genio para superar los caprichos que impone el cliente, cuando lo que desea es una suerte de traj e a la medida. Lo importante, para el que paga, es diferenciarse de sus vecinos, alejarse del anonimato. Ya no basta con satisfacer la clásica trilogía vitruviana: el edificio debe ser, además, un magnético foco de atracción. La clave para crear el equivalente contemporáneo de la ciudad clásica no consiste en incorporar elementos formales del repertorio clásico. Consiste, más bien, en aludir con prudencia a ciertos códigos que la recuerdan y enaltecen. LA ALAMEDA, PRINCIPAL AVENIDA DE CHILE Aun cuando la caracterización puede pecar de simplista, se sabe que existen diferentes tipos de tradición urbana: la tradición anglosajona de edificios aislados, la tradición medi- terránea de la fachada continua, la tradición americana de la cuadrícula 4 • La transposición de tipos y la desafortunada mixtura entre ellos suele inducir la progresiva destrucción. Santiago no escapa a este riesgo. Pese a todo, la Alameda mantiene todavía su vocación de arteria con fachada continua. Un artículo de Charles Wiener, Chílí et chiliens, escrito en París en 1888 (anunciado en el epígrafe), da cuenta del Santiago de esos años. Y refiere las bondades de la Alameda, pero no oculta, por otra parte, el carácter escenográfico de su arquitectura: los materiales proyectan una fastuosidad que no es tal. Se trata, más bien, de imitaciones 5 • La metamorfosis de la ciudad parece no tener fin y cada vez quedan menos vestigios de su imagen decimonónica. Sin pretender que cada intervención sea un dechado de virtudes, se aspira a conseguir, al menos, una continuidad visual. No es justo desconocer que existen distintos caminos para intervenir un edificio -o diseñar otro de nueva planta a fin de armonizar con el contexto-. Desde la posición extrema, que busca replicar literalmente algunos elementos del entorno, hasta la otra, que sencillamente es indiferente a todo cuanto le rodea. Un matiz intermedio es el que procura evocar las características visuales de las preexistencias con formas enteramente nuevas. 6 Cualquiera de estas posiciones - o la combinación de ellas- pudiera ser acep- table si prima la sensibilidad y el oficio del arquitecto. ¿Cuál debería ser la decisión correct a? La respuesta es incierta. Ni la imitación in- discriminada ni la innovación radical. Pueden ser ambas o ninguna. Lo que importa, al ' s 6 Marina Waisman, El interior de la Historia . Historiografía arquitectónica para uso de latinoamericanos, Escala, Bogotá, 1993, p.131. CharlesWiener, óp. cir., p. 244. Brent Brol in, Arquitectura de integración. Annonizació,1 entre edificios a,1tiguos y modemos, Biblioteca de Arquitectura y Construcción, Ediciones Ceac, Barcelona 1980, p.45. 234

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