Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

que una afortunada intervención en el patrimonio construido -independiente de su esca- la- es una suerte de antídoto contra su propia destrucción. LA IMPORTANCIA DEL TRASFONDO Goethe supo ver en la arquitectura algunas virtudes que son propias de la música. Rela- cionaba un edificio aislado con la interpretación de un solista, y un conjunto arquitectó- nico con una orquesta . La arquitectura de calidad -o la arquitectura, a secas- precisa de t elones neutros para que así sobresalgan las obras que merecen lucir sus atributos. Como los silencios en la música. O la melodía que subyace. Una ciudad bella no se hace con una cadena ininte- rrumpida de obras maestras 3 . Antes bien, es el fruto de esa rara armonía que produce la concatenación de ciertas construcciones austeras y democráticas. Se trata, ni más ni me- nos, que de la sencilla secuencia de casas que configuran las calles comunes. Y son, en jus- ticia, las calles comunes las que otorgan verdadera identidad a un centro urbano. ¿Por qué habría que rendir tributo solo a los arquitectos universalmente reconocidos, si también existen creadores más humildes, capaces de concebir proyectos de alto vuelo creativo? Es preferible desconfiar de las ciudades sembradas de edificios grandilocuentes, que aspiran a ofrecer novedades periódicas, por cuanto lo más probable es que estén lejos de alcanzar un destacable grado de unidad. En cambio, aquellas cuya belleza es indiscuti- ble deben una buena parte de sus méritos al t elón de fondo, esa cautivante sucesión de edificios que, sin ser distintivos, tienen la bondad de ser neutros. No es fácil, por cierto, conseguir esa unidad, como no es fácil diseñar un edificio neutro, considerando que los arquitectos suelen ser víctimas de su incontenible vanidad. El posmodernismo, que surgió como una reacción al movimiento moderno, se esmeró en hurgar el repertorio más tradicional del lenguaje arquitectónico y, con ello, consiguió resultados de alta expresividad, procurando crear edificios diferentes entre sí. El exceso de libertad, sin embargo, suele abrir un horizonte amplio de posibilidades en el que se co- rre el peligro de desafinar impiadosamente. La tentación de hacer pastiches es poderosa y, muchas veces, inevitable. Así se explica que un buen número de las actuales ciudades cuenten con escenarios anárquicos, inquietantes, heterogéneos. Parece ser que cuanto menos dotados son los arquitectos, más se empeñan en hacer alardes de sus atributos creativos. Lo importante es la novedad. Pero esa novedad -casi siempre exigida por el cliente- termina por convertirse en una híbrida conj unción de fragmentos extraídos de una arquitectura cuyo interés es pu- ramente nostálgico. No es extraño que nazcan edificios en los cuales el repertorio de elementos formales sea la nefasta sumatoria de manifestaciones ajenas y desconcertadas. Por alguna curiosa razón, los cánones clásicos de la arquitectura se emplean para resolver la edilicia pública. Como si los frontones y las columnas dispuestas de modo ) Witold Rybczinki, Arquitectura: la importm1cia del rrasfondo, en El 1\1ercurio, Cuerpo Artes y Letras, Santiago, 22 de octubre de 1983, p. E12. 233

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