Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

CAPÍTULO VII LA A LAMEDA BERNARDO O ' H IGGINS ¡Qué hermosa es la Alameda con su doble hilera de árboles, sus 'acequias' de pie- dra y sus construcciones que van desde las cabañas a los palacios espléndidos! Con un ancho de 80 metros, se extiende por 5 ki/,ómetros de largo llegando por el oriente hasta el río Mapocho, corriente fluvial a la que, durante diez meses del año, no le falta sino el agua para ser un río imponente. A la subida de la Estación (Central) se hace notar de inmediato hacia la derecha, una elegante construcción americana, la quinta Meiggs 1 ; a la izquierda detrás de un macizo de flores, un palacio estilo morisco, fantasía arquitectónica oriental con columnillas y capiteles, cúpulas doradas, arabescos en yeso y muros que ostentan infinidad de colores, todos fuertes, pero armonizándose, fundiéndose unos en otros en una suerte de irisación cristalizada. A algunos metros de distancia la monotonía de las avenidas se rompe para dejar paso a plazoletas ornadas de monumentos. Allí se eleva la figura alegórica que representa a la ciudad de Buenos Aires, más allá se alzan los propagandistas de las ideas liberales en Chi- le bajo la protección de Gutenberg y sus colaboradores. Llegamos a la parte más elegante de la vía. A la derecha se abren las amplias avenidas del Ejército Libertador 18 de Septiem- bre, conduciendo al parque Cousiño y al Club Hípico. A la altura de la calle Estado, la Alameda se puebla de las glorias nacionales fundidas en bronce y elevadas en granito. La serie comienza con la estatua ecuestre del General San Martín que enfrenta a la del General O'Higgíns. El abate Molina (autor de una Historia de Chile y de estudios de historia natural) , los estadistas y los escritores nacionales: Tocornal, Benavente, García Reyes y Sanfuentes ter- minan la serie de personajes. Desde 1.o alto de una columna, Cristóbal Colón contempla a los continuadores de su obra. Nos hemos preguntado ¿ a qué estilo pertenecen las elegantes residencias, las mansiones señoriales de Santiago, y no hemos podido encontrar una respuesta satisfactoria. De parti- da y con pocas excepciones, no se podría hablar aquí de residencias. Lo que realmente hay son fachadas en una decoración que varia al infinito, mostrando ya sea una techumbre renacimiento sostenida por columnas dóricas ya sea un cuerpo central de estilo florentino flanqueado por dos alas 'd'un style quelconque'. Sobre el ladrillo, los estucos de las murallas, los yesos, las maderas de la ornamentación, aparecen los colores que a la luz de la tarde semejan mármoles y granitos, pórfidos y jades. A ciertas horas, Santiago adquiere bajo la claridad crepuscular, un aspecto feérico e incom- parable. Si los materiales fueran reales, si esas columnas y capiteles estuvieran verdadera- mente esculpidos en mármol, ¡qué de millones se habrían invertido en esas residencias! CHARLES WIENER 2 Una vez demolida la Quinta de Enrique Meiggs, el arquitecto Luciano Kulczweski construyó, en su lugar, el conjunto Virginia Opazo. 2 Charles Wiencr, Chili & Chiliens, Librairic Léopold Cerf, París, 1888, p. 243. 23 1

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