Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

A lo largo de las últimas décadas las zonas de alto interés histórico y arquitectónico de la mayoría de las ciudades del mundo han sufrido un incesante proceso de degrada- ción. Más aún a partir de 1960, cuando este proceso se aceleró abruptamente. Es claro que las intervenciones más agresivas contra estos núcleos se perpetraron en el siglo XX, con las numerosas irrupciones de obras nuevas que, con seguridad, al- guien justificó en su momento, sin medir el impacto negativo que producirían. Como si no se tuviera en cuenta que los sectores consolidados, más que surgir de golpe, en una época determinada, son producto de una lenta elaboración en el tiempo. Consti- tuyen, a fin de cuentas, las huellas de las distintas etapas de la ciudad. Lo único que cabe, entonces, es preservarlos de la mejor manera posible, sin que ello implique mo- mificarlos a perpetuidad. La consigna lógica para un habitante sensato es, sin duda, rehabilitarlos. Los valores que encierran -sean de orden artístico, arquitectónico o histórico- su- gieren precisamente eso: poner en marcha proyectos de rehabilitación. La pérdida de estos núcleos históricos supondría el fin del espíritu de los barrios, de las comunas, de las ciudades. De aquello que, en último término, les diferencia de otras unidades espaciales equivalentes. Es lo que les hace únicos e inconfundibles. Pues bien, ¿cómo explicar la degradación de ciertas zonas consolidadas de la ciudad? ¿Qué factores justifican su inexorable extinción? Una de las causas es, seguramente, el aumento del nivel económico de la población de los estratos de inferiores ingresos que ha decidido migrar hacia barrios nuevos a costa de despoblar el área tradicional. Han determinado que la deficiencia de dotaciones de servicios dentro de la vivienda, contrastada con las nuevas exigencias del mundo contem- poráneo en tanto calidad de vida, se estrella contra la aspiración de un cambio de imagen externa. Est án a la vista las consecuencias que afectan al centro histórico: gran cantidad de casas abandonadas, amenaza de ruina, derribos improcedentes. Las bien intencionadas acciones que pretenden una renovación terminan, casi siempre, despreciando todas las recomendaciones que se hacen respecto del cuidado de la arquitectura de valor histórico, arquit ectónico o pintoresco. Para llevar a buen fin una determinada actuación en un caso aislado de rehabi li tación se precisa de directrices generales muy claras y estudiadas, susceptibles de amoldarse, según sea el caso, a las condiciones que impone el contexto.Y es que cada ciudad -y, por consiguiente, cada centro histórico-, es totalmente distinta del resto, por lo que reclama un tratamiento exclusivo. Santiago es todavía una ciudad indefensa. Se podría conjeturar que los restos de identidad de su arquitectura de valor patrimonial se preservarían solo si se reconocen sus leyes primordiales y, usándolas de base, se ejerce un estricto control, por parte de las au- toridades técnicas y políticas, en cada una de las intervenciones que afecten a los edificios, conjuntos y zonas de interés históricos. No se aspira a agotar la totalidad de los escenarios en peligro. Sin embargo, es indis- pensable examinar el espectro completo, tan prolijamente como sea posible para hacer una selección adecuada. Algunos puntos de la ciudad son inevitables. Aunque no son estrictamente constantes en su historia, son representativos de ella y la cualifican. 23

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