Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

está resuelta en forma de bóveda. El cielo de las naves, que descansa sobre l Ocolumnas románicas, de 2 metros de diámetro cada una, hace juego con la arquería. El púlpito es de una sola pieza y en él se encuentran tallados, de manera simbólica, los cuatro evangelistas. El historiador Alfredo Benavides lo considera la más explícita manifestación de la influencia barroco-bávara en nuestro país y una de las más hermosas del arte barroco chileno del siglo XVI/1 52 . El origen de este púlpito, según reza la tradición, proviene de Calera de Tango; su autor habría sido un religioso jesuita alemán que lo creó en 1762. Al Altar Mayor, consagrado por el Cardenal Belloch, le baña la luz natural que llega a través de una linterna construida en 1982. Cuenta con una mesa de ónix elaborada en 1918 por el italiano Juan Cassani, valiéndose del diseño del arquitecto Eduardo Provaso- li. El sagrario es de una sola pieza, también de ónix labrado a martillo; tiene columnas y capiteles de plata y posee dos puertas de plata repujada. A petición del padre Provincial Carlos Espinoza Ibacache, los trabajos de restauración del templo comenzaron el 10 de diciembre de 1982. Se encontraban en mal estado la cubierta, la linterna sobre el altar mayor y las torres. La del costado sur presentaba un desplome de 21 centímetros hacia el oriente y 9 hacia el norte. La linterna se reconstruyó, de forma octogonal, más pequeña que la anterior. Enci- ma, una cúpula. La solución provino de la observación de dos modelos: la iglesia de San Francisco y la iglesia de Santo Domingo. Las ventanas se hicieron con un quicio central y se proyectó un balcón en el perímetro. A la nueva estructura, de acero, se añadieron dos vigas del mismo material, las que descansan sobre los muros de la iglesia. Sobre el techo, de 2.375 metros cuadrados, se colocaron 17.250 tejas nuevas, además de las 4.000 tejas antiguas que se trajeron del convento de Chimbarongo. El techo de hierro galvanizado de la sacristía fue reemplazado por una cubierta de tejas 53 . La mala ejecución de las terminaciones, así como la pobreza de los materiales utiliza- dos, instaron al arqui tecto Mario Pérez de Arce a reconstruir analógicamente parte de la torre, recurriendo a soluciones más clásicas, lejos del eclecticismo un tanto confuso que predominaba en ellas. Explica: Encontramos buenos ejemplos en la arquitectura neocl.ási- ca inglesa y norteamericana, siendo el ejemplo más interesante, para este caso, la torre St. Martin-in-The Fields, de Londres, de la cual pudimos encontrar tres proyectos alternativos del arquitecto James Gibas (1726) 54 . Se optó, entonces, por una arquitectura mucho más simple, manteniendo las medidas y la posición general de los elementos, relojes y coronación. Alfredo Benavides sostiene: Si analizamos su ambiente constataremos que no carece de grandiosidad y que lo atrevido de sus grandes arcos alivianan las pesadas columnas, reuniendo en un solo 52 Alfredo Benavides Rodríguez, La arquitectura en el Virreinato del Perú en la Capitanía General de Chile, Editorial Andrés Bello, Segunda Edición, Santiago, 1961, p. 361. 53 Fidel Araneda Bravo, óp. cit., p. 478. 5 ' León Rodríguez y Mario Pérez de Arce Lavín, La pennanencia de la Arquitectura Modenui en Chile, Ediciones ARQ, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 1996, p. 86. 228

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