Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Respecto del convento, las referencias de la época son escasas. Un documento de don Juan José de Santa Cruz, regidor de Santiago en 1791, da una visión general de los conventos de las órdenes: las religiones de Santo Domingo, San Agustín tienen conventos de observantes y recoletos. En todos se nota manifiesta pobreza en sus claustros y celdas, y con excepción del convento de San Francisco, son bajos 40 . En 1814 fue ocupada la Academia Militar y la iglesia terminó saqueada por las fuer- zas patriotas vencidas en la batalla de Rancagua. En 1819 se cerró la Academia Militar por falta de financiamiento, restituyéndose los claustros a los agustinos por expresa orden de Bernardo O'Higgins. Tras un periodo de confusión -los agustinos fueron recluidos, en 181 7, en la Re- coleta Dominica, mientras el convento fue ocupado temporalmente por la Academia Militar- el conjunto se fue recuperando. Efectivamente, en 1844 se inició la repara- ción de los daños, tanto del claustro como de la iglesia, encomendándose a don Diego Antonio Barros la administración de las obras y a don Federico Bahering la ejecución de las reparaciones. Se cerró la iglesia mientras se ejecutaban las labores de cambio de techumbre. Para ese entonces la iglesia de San Agustín, lejos de los cánones del clasicismo pre- dominante en todos los edificios que se levantaban en Santiago, se manifestaba con una poderosa masa de inspiración vagamente barroca. Intervenciones de Fermín Vivaceta Rupia Haciendo gala de sus condiciones de ebanista, en 1849 Vivaceta talló el actual púlpito de la iglesia con madera de cedro. Diez años después construyó los dos campanarios y la linterna. En 1860 comenzaron las obras de restauración, bajo el provincianato del padre José Félix Ortega Carreño, imponiéndose las líneas clásicas. En una primera etapa los pla- nos de Vivaceta cont emplaban transformar el frontispicio de la iglesia con seis columnas independientes del muro de acceso y dos torres. El propio Vivaceta diseñó y talló, en 1863, la puerta principal del templo con madera de cedro, valiéndose de la obra de carpintería de Joaquín Valdés Gómez. Las modificaciones de la fachada de la iglesia concluyeron a fines de 1863. El escultor José Ferrari tenía previstas cinco esculturas para coronar la nueva fachada. La prematura muerte del escultor obligó a Vivaceta a colocar, en lugar de las obras de Ferrari, los ma- cetones que adornan el frontispicio en la actualidad. Transformaciones del ingeniero Eastwood Al ingeniero Santiago Eastwood se debieron las siguientes transformaciones del tem- plo, realizadas entre 1874 y 1875. Para la remodelación del interior-altares, pisos y es- 40 Domingo Amunátegui Solar, Bosquejo histórico de la litera tura chilena. Periodo colonial, Casa editorial Minerva, Imprenta Universitaria, Santi ago, 1918, p. 78. 223

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