Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

escritura en que se obliga a servir a la religión de balde y como esclavo de ella en la iglesia nuestra 36 . Se mantuvieron las tres naves propuestas en 1607. Pero, esta vez, los muros se levan- taron en ladrillo y no en piedra. Las bóvedas fueron construidas en madera. Comenzaba el siglo XVIII cuando se abrió la nueva iglesia al culto. Para materializar las terminaciones fue preciso contar con la limosna de los fieles. El siguiente terremoto que afectó a Santiago -y también a Concepción-, ocurrió en 1730. Un milagro quiso que no provocara daños mayores a la estructura de la iglesia: solo algunos deterioros en el presbiterio y en las torres. En 1745 el cronista Córdova y Figueroa escribió: La iglesia de San Agustín es la mayor de casi todas, los arcos que sostiene su techo son de mucha elevación y corpulencia, su portada está entre dos torres de moderada altura, el respaldo del presbiterio padeció ruina en el dicho terremoto... 37 . Pero en 1798, cuando el convento estaba dirigido por el fraile Manuel de Figueroa y Córdoba, el interior de la iglesia lucía enteramente restaurado. Dotó de adornos y también transformó el altar mayor, artísticamente labrado por el carpintero Bernardo Godoy, además de una custodia de oro con incrustaciones de piedras preciosas y valiosas, el presbiterio se adornó con colgaduras de damasco, espejos, lámparas; la alfombra que se compró cubría toda la extensión del templo y finalmente todos los altares se adornaron con columnas 38 . A Bernardo Godoy, discípulo de Joaquín Toesca, se debe el sello neoclásico que inspiró a Fermín Vivaceta para la transformación de la fachada. Algunas ilustraciones - una acuarela que está en poder de la orden, especialmente- permiten deducir la fachada del templo antes de que la interviniera Fermín Vivaceta. Nos muestra en el siglo XIX un frente repartido en elementos arquitectónicos dis- pares, cada uno de los cuales pudo haberse desarrollado en manos de un arquitecto hábil. Este eclecticismo, a base de una impronta barroca que se observa en los detalles decorativos, parte de una puerta central, "de poco arte", como dice un cronista, sin las proporciones debidas a un frente de considerable extensión. El frontón neoclásico en que remata y que al parecer nunca fue terminado, no hace juego con las dos hornaci- nas llenas con sendas tallas deliciosas, situadas en sus extremos, y que no encuentran reciprocidad en una humilde ventana funciona l. Las dos torres rectangulares estran- gulan el movimiento que pudo haber tenido la fachada y aun la florona decorativa no contribuye a darle la elevación necesaria 39 . 36 M • L • , • 47 ano upp1, op. cit. , p. . 37 Córdova y Figueroa P., Historia de Chile, colección de Historia de Chile, tomo 2, p. 36. 38 Mario Luppi, óp. cit., p. 51. 39 Eugenio Pereira Salas, Estudios sobre la historia del aneen Chile Republicano, Ediciones de la Universidad de Chile, Edición a cargo de Regina Claro Tocornal, Biblioteca Nacional, Santiago, 1992, p. 216. 222

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