Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Iglesia de 1808 Aun cuando las terminaciones de la obra se prolongaron durante los siguientes años, en 1808 se inauguró el templo de Santo Domingo. Ese acontecimiento quedó inscrito en la parte superior de la fachada. Construidos íntegramente con piedra canteada extraída del Cerro Blanco de Santia- go, los muros del templo daban forma a una planta basilical que alcanzaba los 76 metros de longitud y se componía de tres naves, separadas por arcos de medio punto. La nave central, definida por gruesos pilares cuadrados, se extendía bajo un cielo abovedado; las naves laterales, en cambio, estaban cubiertas por un cielo horizontal. El ábside, de planta cuadrada, contaba con dos puertas que se enfrentaban, una de las cuales comunicaba hacia el interior de la manzana. En la fachada principal se expresaban, justamente, las tres naves, en sendas puertas de ingreso enmarcadas por arcos de medio punto. Sobre la puerta central, levemente más alta, existe un vano rectangular; sobre las laterales, en cambio, vanos decagonales. Un conjunto de pilastras y molduras contribuye a realzar el acceso, en cuya parte superior se lee la inscripción que revela la fecha de inauguración. Las dos torres que coronan la iglesia fueron construidas, más tarde, en ladrillo estucado. Se sabe que hasta 1808 su decoración interior era más bien austera. La ficha del Consejo de Monumentos Nacionales hace hincapié en su estilo neodásico dórico, con algunas remi- niscencias del barroco pero con el sello inconfundiblemente americano en la decoración de las archivolta.s2 4 . La mayoría de los historiadores señala que la primera piedra de la actual iglesia de Santo Domingo se colocó en 1747, vale decir, 17 años después del terremoto de 1730. Localizada en la calle Claridad (hoy 21 de Mayo), esquina Santo Domingo, contó con Juan de los Santos Vasconcellos como arquitecto -maestro de cantería, además- quien, a su vez, contrató a canteros portugueses, entre los cuales destacó Pedro Amado y Mateo González. La dirección de la obra estuvo a cargo de don Manuel Caballero hasta 1795, cuando la iglesia se encontraba en etapas de t erminaciones. Ese año la obra pasó a manos de Joaquín Toesca, que se desempeñó como "maestro carpintero": le correspondió -según el "libro de fábrica" de la orden dominicana- dirigir, entre otras faenas, la ejecución de trabajos de la fachada, el entablado del cielo de las naves de la iglesia, la puerta de ingreso, las gradas de la entrada. El 13 de octubre de 1771 se inauguró el templo, bajo el obispado de don Manuel Alday. Pero no estaba concluido, ciertamente, porque en 1796 Joaquín Toesca aún se encontraba realizando labores de construcción; dos años después se levantaron sus dos torres. Solo en 1808 se dio por terminada la obra, como lo demuestra la inscripción de su fachada: Haec est domus Domini firmiter aedificata. Anno Domini 1808. (Esta es la casa del Señor firmemente edificada. Año del Señor 1808). Pero, faltaba más: cinco años después se colocó el piso definitivo de ladrillo en las tres naves de la iglesia y se construyeron, además, los altares laterales, como el de la Virgen del Tránsito, hoy desaparecido. Más aún: el lucernario sobre el altar y el presbiterio recién 24 Roberto Montandón y Silvia Pirotte, óp. cit., p. 66. 214
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