Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
La tentación de hundir la Alameda en el tramo que contiene el Palacio de la Mone- da con el propósito de crear un gigantesco corazón cívico frente la Casa de Gobierno ya ha cumplido algunas décadas: en 1960 lo propuso Emilio Duhart; la misma idea fue enarbolada por Christian de Groote, diez años más tarde. En el año 2006 los ar- quitectos Cristián Undurraga y Ana Luisa Devés, junto con materializar el proyecto del ere (Centro Internacional de las Culturas), complementado con tres niveles de aparcamientos -todo subterráneo (¿hipogeo?)-, propuso, como etapa final, la cone- xión de la Moneda con el Parque Almagro. Para lograrlo el proyecto incluye el hundi- miento de la Alameda. Las voces detractoras no han tardado en manifestarse: ¿cómo se justifica que la arteria más antigua de Chile se transforme en una avenida subterránea en un tramo tan importante como el que enfrenta el Palacio de Gobierno, declarado Monumento Histórico en 1951? • La plaza Bulnes El eje vial de la Alameda separa la Plaza de la Ciudadanía de la Plaza Bulnes (donde estuvo localizado, durante tres décadas, el llamado Altar de la Patria, obra del gobierno militar). Fruto de las ideas de Brunner, la Plaza Bulnes-materializada entre 1932 y 1938-, se integra armónicamente al Barrio Cívico. Las aludidas plazas, rodeadas de edificios de altura y expresión arquitectónica similar, constituyen el gran remanso de esta arteria tan intensamente transitada. Mientras estuvo en el eje norte-sur de La Moneda, el Altar de la Patria (homenaje a Bernardo O'Higgins) -antes existió allí una llamativa pileta de agua- anuló la perspectiva de la Avenida Bulnes, transformada hoy en un paseo peatonal. • La plazuela Mekis y el teatro Municipal de Santiago 7 8 Uno de los pocos fragmentos urbanos que escapan del riguroso damero que regula el área central de Santiago lo conforman el Teatro Municipal-inaugurado en 1857-y la Plazuela Mekis (nombre que recuerda a Patricio Mekis, ex Alcalde de Santiago en- tre los años 1976 y 1979; una est atua perpetúa su imagen en un costado). Evocando la Opera de París -en escala menor, por cierto-, se configuró un atrio que pretende dar un cierto aire de solemnidad al conjunto. El borde norte de la plazuela, enfrentando al teatro, quedó definido por tres casas de inspiración neoclásica . Su propietario original, don Francisco Subercaseaux, pidió al arquitecto Miguel Angel de la Cruz que pusiera atención a los modelos franceses. Montandón explica: Su filiación estilística se entronca con el concepto de composición de la Academia de Bellas Artes en París, en boga hacia fines del siglo XIX y principios del XX. 7 . Dos de las casas, con ingreso común, fueron construidas en 1901. La tercera, independiente, se edificó dos años después. La mansarda continua permitió unificar la expresión de las techumbres. En los balcones exteriores e interiores destaca la he- rrería decorativa. De alta calidad son las balaustradas y los lucemarios que se repiten sobre los espacios centrales de doble altura 8 . Roberto Montandón y Silvia Pirotte, óp. cit., p. 2. Roberto Montandón y Silvia Pirotte, óp. cit., p. 118. 206
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