Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Las exigencias del sistema productivo implicaron que Santiago debiera absorber la mayor concentración de emergentes funciones, lo que obligó a expandir la superfi- cie urbana y satisfacer, de se modo, las crecientes demandas residenciales de la nueva población. Examinando un plano de 1946 se comprueba el alto grado de densificación del cen- tro urbano de Santiago. Pero, además, es evidente la extensión del núcleo más allá de sus límites tradicionales. El sector al sur de la Alameda registra el trazado de la Avenida Bulnes como un gran eje monumental que culmina en la Plaza Almagro. En el núcleo central aparecieron nuevas manzanas vacías, que permitían compensar el crecimiento en altura y regular la compacidad: la Plaza de la Constitución, la Plaza Bulnes y la Plaza de la Libertad en el complejo del Barrio Cívico, además del conjunto de plazas localizadas entre la Estación Mapocho y el Parque Forestal, hacia el norte. Cada una de ellas fue construyendo su propia identidad, para constelar el área central de focos de alto valor urbano. Así, el núcleo fundacional comenzó a consolidarse, concentrando nuevas funciones y equipamientos. La trama urbana aparecía bastante definida en su trazado, específica- mente sus relaciones hacia el oriente, que adquirían una fuerte conexión y una progresiva intensidad de uso. En este periodo en que la ciudad se extendía indiscriminadamente hacia las perife- rias, se consolidaba la ocupación del centro, definiéndose diferentes zonas morfológico- funcionales dentro de él. La tendencia -coincidente con las sugerencias de Brunner- era imponer una espe- cialización creciente: un sector de comercio de primera categoría, en que se mezclasen muy distintas actividades; un sector de comercio más técnico, compuesto por entidades bancarias, periodísticas, representativas de grandes compañías nacionales e internaciona- les. Por último, un sector de servicios caracterizado por funciones de la administración pública, ministerios, direcciones superiores y oficinas profesionales de diversa índole. Se trataba, en la medida de lo posible, de liberar al área central tradicional de algu- nas actividades que la sobrecargaban, extendiéndolas a las manzanas circunvecinas. Se lograba consolidar, asimismo, el esquema radioconcéntrico que la ciudad desde inicios del siglo venía perfilando. El sistema urbano comenzaba su proceso de metropolización, es decir, se incrementaba la población dentro de la ciudad, con las consecuencias demográ- ficas y espaciales que ello implicaba. Aun cuando el periodo 1945-1960 se asimilaba con el de la internacionalización de la arquitectura en Chile, es oportuno reconocer que, paralelamente, el crecimiento des- controlado de Santiago hacia la periferia trajo consigo graves problemas urbanos: baja densidad y desaprovechamiento del suelo urbano; pérdida progresiva de la zona agrícola inmediata a la ciudad; deterioro urbano debido a la inclusión de las zonas industriales dentro de áreas residenciales; desarticulación social y económica de la población residen- te. Y, de paso, la creciente degradación del núcleo central. Entre las razones que explican este descontrol es posible aventurar las siguientes: la ausencia de mecanismos institucionales y legales destinados a coordinar la labor administrativa y ejecutiva de los municipios; el surgimiento anárquico de nuevas urbanizaciones que los municipios fomentaron con el propósito de conseguir cierto 195

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