Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

la ideología de "hacer ciudad", surgió después de 1930 como respuesta arquitectónica a la complejización funcional del centro y a las presiones del mercado en esta área. En general, el edificio cuenta con, a lo menos, tres fachadas a la calle, detrás de las cuales se alojan, combinadamente, funciones de tipo residencial y comercial. Mientras los dos primeros tipos prácticamente son de relleno y apenas alteran la parce- lación y el trazado existente, el último se caracteriza por subvertir la planimetría regular de la manzana. Con la aparición de estos nuevos tipos edificatorios no solo aumentaba la altura de las construcciones en la casi totalidad del perímetro de las manzanas, alterando la escala, hasta entonces apropiada para el transeúnte que disfrutaba de la contemplación. Tam- bién se eliminaba el vacío interior -el espacio para el recogimiento familiar-, sustituyén- dolo por un mínimo patio de luz 118 . Cabe decir que, en buena medida, el resultado expresivo de la arquitectura buscaba responder a las condicionantes que imponía el nuevo recurso emergente, materia prima de todos los edificios en altura: el hormigón armado. Y un subproducto: la albañilería reforzada. Pero también era consecuencia de la Ordenanza General de Construcciones y Urbanización, promulgada en 1929, complementada con las recomendaciones de altura y superficie edificable propuestas por Brunner. Entre las nuevas exigencias aparecieron aquellas más técnicas, encaminadas a dotar a las edificaciones de una seguridad estructural acorde con la severa condición sísmica del país. Una poderosa pléyade de ingenieros y técnicos, imbuidos del conocimiento desa- rrollado en Europa y Estados Unidos, se hizo cargo de garantizar la estabilidad de las construcciones. La robustez de los muros y columnas port antes, amén del acartelamiento de vigas y dinteles, son algunos de los elementos propios del nuevo lenguaje expresivo, tributario del rigor estructural. En efecto, la expresividad racionalista inspirada en fuen- tes europeas y, muy en especial, en la Bauhaus y la corriente estructuralista de Chicago, sepultaron rápidamente los efímeros movimientos que asomaron en el mismo periodo. Tras la Segunda Guerra Mundial se advertía un vigoroso desarrollo industrial que se tradujo en una serie de transformaciones urbanas en el núcleo de Santiago. Para algu- nos autores -el arquitecto Eliash, entre ellos-, es un periodo de madurez, en el cual la arquitectura moderna chilena alcanza su máxima coherencia y consolidación, contando con un fuerte aparato institucional y profesional que permitió hacer realidad los plantea- mientos ya anunciados en 1930 119 . El periodo que media entre los años 1945 y 1960 coincide con el esplendor funciona- lista, mientras se produjo una amplia difusión de los lineamientos modernos. Según fuentes de la CEPAL, en 1960 la población de Santiago era de 1.907.318 habi- tantes, prácticamente once veces superior a la que tenía en 1875. Entre 1952 y 1960 la tasa de crecimiento de la capital subió del 2,9 al 4,2%, en tanto la del país solo subió del 1,8 al 2,6% 120 . 118 Jonás figueroa S. , óp. cit ., p. 60. 119 Humberto Eliash, óp cit, s/ref pp. 12 ° CEPAL, División de asunto sociales, La participación de los problemas marginales en el crecimiento urbano, Santiago, 1965, p. 37. 194

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