Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Eran los tiempos en que se abría un explosivo repertorio de referencias estilísticas que adjetivaban la arquitectura y el espacio público del cent ro de Santiago durante ese periodo. Todo ello, sin desconocer las reglas del juego que, sin llegar al libertinaje formal, permitían un amplio margen de variaciones e interpretaciones. No puede sorprender, por lo tanto, que a partir de esos años irrumpiera un verdadero caleidoscopio de formas en torno al centro fundacional. Las manzanas se hacían varia- das y diversas, manteniendo su unidad esencial y las referencias que aludían a la matriz cuadricular. EL COSTO DE LA DENSIFICACIÓN Unas cuantas edificaciones modernas del centro de Santiago se adscribieron al espíritu de las recomendaciones de Brunner. Pero, como acertadamente señala el urbanista chileno Juan Parrochia, el Plan Regulador de Brunner no tuvo todos los frutos que estaban previstos, pues, entre otras cosas, se desató la especulación de suelos, luego de la presentación de su an- teproyecto 1 13 . Han sido las edificaciones desapoderadas y sin control de su escala, unidas a la indife- rencia frente a las disposiciones normativas de Brunner, a contar de la segunda mitad del siglo XX, las que han introducido factores de degradación difíciles de revertir. Pese a ello, después de la implantación de la arquitectura moderna en las unidades de relleno del centro se confirma que la trama fundacional -realista y pragmática- ha sido plenamente capaz de aceptar nuevos tipos arquitectónicos en el centro de la ciudad, con sus correspondientes manifestaciones sociales 114 . No cabe duda que a la edificación en altura se debe un nuevo concepto de ciudad, cuyos referentes se encontraban en las ciudades modernas de Europa. Un antecedente de la mutación morfológica experimentada por la manzana céntrica fue la lenta extinción de la casa o edificio-patio, como tipo edificatorio, para dar lugar a los pasajes que, en cierta medida, lograron mediatizar el abrupto paso que hasta entonces se daba entre el espacio público y el privado. Se propiciaba no solo una nueva manera de construir la manzana, sino que un distinto modo de vivirla. No se desconocía, sin embargo, el patrón de la manzana continua, que seguía siendo el sello de identidad del área céntrica. Lo demuestra la decisión del arquitecto Larraín, al proyectar el edificio Oberpaur, primer edificio moderno de Chile, que respetó la continuidad de la ciudad 1 15 . En justicia, es oportuno señalar que, en general, la arquitectura de esta época, más que abolir la configuración de la manzana tradicional, la reinterpretó en clave moderna. Pero las excepciones existen y a veces son suficientes para producir una inflexión irreversible en la historia. Efectivamente, la recalada del Movimiento Moderno en Chile y la aplicación de sus principios trajo consigo poderosos efectos. Hasta ese momento el 113 Ibídem. 114 José Rosas, óp. cit., p. 53. 115 Humberto Eliash, y Teresa Lima Campos, Nota para una historia de la Arquitectura Modenia en Chile (1920-1970), Investigación DIUC, Universidad Católica de Chile, Santiago, 1983, s/ref. pp. 192
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