Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

tinas- el convento. Sus límites eran las calles Alameda (hacia el sur), Ahumada (hacia el oriente), Bandera (hacia el poniente) y Moneda (hacia el norte). Cuando en 1893 se ven- dió parte del frente que daba hacia la Alameda -entre Bandera y Ahumada-, se construyó en ese sitio un edificio de albañilería de ladrillo de tres pisos, obra del arquitecto francés E. Joannon Croizier. Aquella manzana, enteramente cerrada hasta entonces, se hizo per- meable en uno de sus bordes, reduciendo la superficie disponible para las actividades religiosas. Esta operación se completó a partir de 1915, tan pronto se abrieron las calles Nueva York y La Bolsa, trazadas en el interior de la manzana mediante un esquema en "Y" que conectaba la Alameda con las esquinas de Moneda-Bandera y Moneda-Ahumada l0 6 . El segundo caso señalado corresponde a una macromanzana, al sur de la Alameda, ocupada por los franciscanos que permanecían allí desde 1572. Pero una inesperada crisis económica, en 1913, obligó a la venta de gran parte de los terrenos de la congregación que, a esa fecha, comprendía una superficie aproximada de 30.000 m2 1 º 7 . Los límites del solar eran las calles San Francisco, Alonso Ovalle, Serrano y Alameda. Los arquitectos E. Hulzmann y R. Araya, inspirados en los postulados del urbanista Camilo Sitte, se encar- garon de subdividir la propiedad en 1922. Mediante un trazado sinuoso, dieron forma a las calles París y Londres, creando cuatro nuevas manzanas. Buena parte de la acción urbana de Brunner durante este periodo se concentró en las manzanas que circundaban el centro. En algunas de sus abundantes reflexiones en torno al urbanismo dejó en claro ciertas desventajas que ofrecía el damero en la configuración de las manzanas: El sistema usual de manzanas cuadradas en la América Latina, también existente en algunas ciudades europeas, que presenta ciertas ventajas para la orientación, tiene, al ser usado en forma rígida, una serie de inconvenientes. En el centro de la ciudad difi- culta este sistema el trazado racional de avenidas radiales de tránsito que se adaptan convenientemente a la red de calles existentes; en las afueras de la ciudad, en sectores francamente residenciales, el trazado cuadrangular para las manzanas es inadecuado y desventajoso 108 . Pese a la firmeza de sus convicciones, Brunner no consiguió tomar demasiada distancia del damero ortogonal de manzanas españolas ni de los espacios regulados por sus leyes y jerarquías. Finalmente, la fuerza del trazado cuadricular se impuso: las manzanas del antiguo centro tradicional, vale decir, aquellas unidades que se desarrollaron en torno a la Plaza Mayor, en cierto modo fueron refractarias a cualquier nueva modificación. En las manzanas inmediatas al centro -se podría definir como un sector de centrali- dad intermedia- se registra una ruptura planimétrica del trazado y una nueva manera de 1 06 José Rosas, óp. cit., p. 166. 107 Rodrigo Márquez de la Plata, León Rodríguez y Juan Benavides, Crónica del Convento de San Francisco, en Revista CA Nº 16: "El cuidado del patrimonio" (Colegio de Arquitectos de Chile), Santiago, 1976, p. 7. 108 Karl Brunner, Santiago, su estado actual y futura Jom1ación, Imprenta La Tracción, Santiago, 1932, citado por José Rosas en su Memoria para Tesis de Título de Doctor "Manzana y tipo edificatorio en transformación", Santiago, 1986, p. 119. 188

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