Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

en inmuebles de presencia imponente. Pero, al mismo tiempo, se pone en marcha una modalidad diferente de maximización de la operación inmobiliaria en el nuevo suelo. 96 La consistencia corpórea de la manzana persiste con la aparición de nuevos edificios de impronta maciza, que dictan las pautas morfológicas a seguir: la Biblioteca Nacional, de García Postigo, construida hacia 1927; el Hotel Mundial, de Schade y Oyarzún, próxi- mo a la Bolsa de Comercio, el edificio Ariztía -primer rascacielos de Santiago- y el edi- ficio Oberpaur, de Larraín García-Moreno, en 1929. Un año después nacía el edificio del Ministerio de Hacienda de Smith Solar y Smith Miller, preludio de unos cuantos edificios en altura que poblaron el centro. El centro que Brunner observó a su llegada en diciembre de 1929 era un área en transición, particularmente apta para proporcionarle una nueva orientación. En 1932, y actuando ya como Consejero Urbanista del Supremo Gobierno de Chile, escribía: Los últimos veinte años han visto crecer en Santiago obras fundamentales de progre- so urbano. El agua potable se extiende en toda el área de la ciudad, el alcantarillado lo hace casi en igual forma. La pavimentación de las calles hecha de acuerdo con proce- dimientos por demás modernos, acusa avances efectivos. Avenidas, parques y jardines públicos contribuyen al aspecto amable y representativo de la ciudad. Son dignas de alabanzas las iniciativas desarrolladas en materia de la modernización de las construc- ciones por los círculos financieros y particulares, como también de la administración pública 97 . La mayor altura de las edificaciones y la consiguiente densificación del centro vinieron aparejadas con la introducción de calles y espacios libres interiores en los terrenos, que hacían falta no solo para la circulación sino también para iluminar y ventilar. Para Brun- ner, una edificación fundada en la incorporación de calles interiores y pasajes dentro del conjunto edificado, proporcionaba más aire, luz y una mayor superficie de fachadas y nuevos frentes urbanos 98 . La apertura de algunas manzanas demostró que la cuadrícula estaba preparada para un modo moderno de intervención. Sin embargo, los focos patrimoniales que se habían ganado un lugar en la ciudad resistieron a sus propuestas. En todo caso, este momento de transición que se produjo durante el primer cuarto del siglo XX debió contar con un proyecto de regulación que se hiciera cargo de la desor- ganización urbanística y de la heterogeneidad de alturas de los edificios. El tránsito, como respuesta a la necesidad de comunicación entre las áreas periféricas y el núcleo fundacional de la ciudad, influyó poderosamente en la transformación figu- rativa del centro. Algunas vías promovían continuidades entre sectores de la ciudad, preferentemente establecidas por la extensión de ciertos ejes del trapecio central hacia los bordes; se agre- % José Rosas, óp. cit., p. 44. • 1 Ramón Gutiérrez, Modelos e imaginarios urbanos europeos y americanos. 1900-1950, Espec ial Karl H. Brunner, En Revista de Arquitectura Nº 8, óp. cit., p . 3. •• Karl H . Brunner, óp. cit., p. 69. 183

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