Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

De Ramón y Gross afirman que Brunner encontró un escenario cultural y social- mente propicio para llevar adelante su propuesta de transformación 90 . Efectivamente, en un arco temporal de medio siglo, en cuyo sustrato tuvo decidida participación Vicuña Mackenna, se configuró un clima apto para impulsar la modernización propiciada por el urbanista austriaco. Pese a su mirada divergente, Brunner reconoce, en sus escritos, el valor de la morfolo- gía de la ciudad derivada de la traza fundacional. Con motivo del Centenario advinieron numerosas obras públicas que modificaron bruscamente la estructura urbana: las operaciones de infraestructura de alcantarillado y aguas implicaron un inevitable ensanche de las vías, demoliciones y una nueva alineación de calles. Se produjeron, entonces, decisivas operaciones inmobiliarias privadas, mientras la cuadrícula asimilaba, paralelamente, nuevos equipamientos y edificios públicos de ca- rácter monumental. Se fijaban, de ese modo, las orientaciones de desarrollo morfológico y sus correspondientes tipos arquitectónicos 91 . Una operación impostergable para Brunner era la erradicación de las viviendas insalu- bres y miserables. Por eso no extraña que, acompañado por su asistente Alice Riedel, haya realizado varios estudios analíticos de los conventillos, recopilara antecedentes y evaluase resultados 92 . A partir de estos análisis dedujo la necesidad de desocupar el centro de las manzanas para reducir la densidad, así como para recomendar opciones de edificaciones en altura y conceptos para la vivienda social 93 . Inspirado en los parques vieneses previó, para los sectores de expansión de la ciudad, algunas áreas verdes entre zonas de vivienda e industria. Concibió conjuntos arquitectó- nicos de hasta tres pisos de altura, con superficies vegetales individuales, valiéndose de los principios de la ciudad jardín. Complementando la prolífica contribución paisajística de Osear Prager (1879-1960) incentivó, además, la creación de parques públicos, tales como el Parque Providencia y el Parque Mapocho 94 . Para fortuna de sus biógrafos, Brun- ner reunió muchos de sus proyectos, en 1932, en un libro que tituló Santiago, la ciudad moderna 95 . El cambio en la escala y la materialidad de los edificios de caráct er público y privado quedó patente cuando se erigió el edificio de los Tribunales de Justicia -de Doyere y Schade-, iniciado en 1905; el Museo de Bellas Artes, en 191 O; la Estación Mapocho, en 1912; la Bolsa de Comercio - de Jéquier-, en 1917; la Intendencia -de Manuel Cifuen- tes-, en 1916; el Club de la Unión -de Alberto Cruz Montt, en 191 7. La ciudad irrumpe 90 Armando de Ramón y Patricio Cross, Sanriago de Chile: características histórico-ambientales, 1891-1924. Monografías de Nueva Historia, Londres, 1985, p. 84. 91 Jaime Márquez R., El patrimonio como continuidad temporal y espacial, en Revista CA Nº 95 (Colegio de Arquitectos de Ch ile), Santiago, 1998, p. 15. QZ Karl Brunner H. , Der Co11ve11tillo, in Südamerika, en: Die Wohnung, Zeitschrift für Bau und Wohnungswesen, 7 Jahrgang, Berl ín, Revista # l O/1933, pp. 221-227. 93 Arquitectura y Ca./idad de Vida. Los desafíos de la Vivienda Social, Autoría colectiva, en Revista CA Nº 41 (Colegio de Arquitectos de Chile), Santiago, 1985, p. 107. 94 Marta Viveros, Liliana Lanata, María Isabel Fuentes y Eduardo Vilches, Osear Prager; el Arte del Paisaje, Ediciones ARQ, Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 1997, p. 83. 95 Karl Brunner H., Santiago, La Ciudad Moderna, Imprenta La Tracción, Santiago 1932, s/ref. pp. 182

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