Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

que realiza una descripción del país a través de sus provincias y de los pueblos indígenas allende la frontera sur, se concentra en el tercer tomo. Este último incluye también varios apéndices, que detallan la historia de los reyes de España, gobernadores, obispos, rectores de la Universidad de San Felipe y oidores de la Real Audiencia entre 1539 y 1793. La Descripción Histórico-Geográfica del Reíno de Chile ocupa un lugar importante en la historiografía del siglo XVIII, junto con los trabajos de los jesuitas Juan Ignacio Molina, Felipe Gómez de Vidaurre y Miguel de Olivares, el franciscano Pedro González de Agüe- ros y el soldado José Antonio Pérez García. Asimismo se inserta en la larga tradición de la historiografía colonial, desde las crónicas de Pedro Mariño de Lobera, Alonso de Góngora y Marmolejo y Jerónimo de Bibar 14 , en el siglo XVI, hasta los trabajos de los jesuitas Diego de Rosales y Alonso de Ovalle, en el siglo XVII. Historiadores cont emporáneos como Armando de Ramón, Jaime Eyzaguirre, Diego Barros Arana, José Toribio Medina, Sergio Villalobos y unos cuantos más, fragmentan la historia del país en acontecimientos secuenciales que poco informan acerca de la arquitectura. En definitiva, ¿qué documento integral da cuenta de la evolución espa- cial de Santiago? Hasta la fecha, textos aislados que narran hechos, acontecimientos, fenómenos. Armando de Ramón, en su Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días (1500-2000) ofrece una interpretación en la que los grupos sociales adquieren un alto grado de protagonismo, en especial aquellos que han detentado o compartido el po- der. Se esmera en recorrer todos los siglos, pero en la estructura de la obra se concede más de la mitad del texto al siglo XX. Ciertamente, esta sensata decisión contribuye a llenar un vacío, toda vez que la historia del tiempo reciente es la menos investigada, como no sea desde las esferas de la sociología y la economía. Un acierto de su trabajo es la utiliza- ción del método comparativo en el análisis de los procesos, conforme al planteamiento de que no se puede comprender la realidad chilena si no se examina lo que ocurre en otros países de América . El largo recorrido que hace Armando de Ramón por la historia de Chile culmina con la satisfacción de asistir, en términos políticos, a la apertura de un ciclo promisorio. No está presente, sin embargo, el telón de fondo que ofrece la ciudad, materializada en edificios y espacios públicos: el nacimiento, esplendor y desaparición de inmuebles y lugares. Diego Barros Arana (1830-1907), historiador y educador, considerado uno de los in- telectuales liberales más importantes del Chile decimonónico, contribuyó con un notable y monumental legado: Historia General de Chile. Esta obra, compuesta por 16 tomos, abarca desde la época precolombina hasta 1833. Logró concluirla en 1902, después de casi 20 años de trabajo. Pero -es justo reconocerlo- tampoco se adentra en los aspectos urbanos y arquitectónicos. Otro influyente historiador fue Jaime Eyzaguirre Gutiérrez (1908-1968), miembro insigne de la Sociedad Chilena de la Historia, que contribuyó a la comprensión del de- venir histórico de América . El cristianismo y la hispanidad cobraron valor en su pluma, 14 Jerónimo de Bibar, Crónica y Relación Copiosa y Verdadera de /.os Reinos de Chile (1558), Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medjna, Santiago, 1966, p. 94. 18

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