Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
se limitaban a operaciones de infraestructura relacionadas con el alcantarillado, el agua potable y las aguas lluvias, ensanche de calles, rectificación de líneas de edificación; se tra- taba, en suma, de dar soluciones prácticas a los problemas urgentes. La ciudad se "moder- nizaba" con nuevas edificaciones implantadas en la misma traza fundacional existente 71 • Esta singular versatilidad y morfogénesis que aceptó la trama fundacional durante casi medio siglo demuestra que las sucesivas intervenciones se fueron sedimentando paula- tinamente, propiciando el tránsito gradual de una estructura colonial a una moderna. Es la misma estructura urbana que posibilitará la natural asimilación de la propuesta de Brunner, otorgándole un carácter distintivo al centro 72 . Ramón Gutiérrez destaca la adaptabilidad del modelo de Brunner: Si la actitud francesa fue de una rigidez modélica, nos sorprende que la participación alemana y austríaca, expresada en los trabajos de Werner Hegemann y Karl Brunner, mostró, a pesar de los conceptos urbanos que a priori podríamos suponer, una mayor flexibilidad y comprensión con la vida de nuestras ciudades 73 . Es un hecho que el Plan de Benjamín Vicuña Mackenna, que contemplaba un eficaz programa de pavimentaciones, estimuló, ya en 1872, el proceso de renovación urbana y la densificación progresiva de las manzanas céntricas de Santiago. De ser una trama de calles y manzanas relativamente homogéneas, el centro se con- virtió en una malla de pasajes y edificaciones complejas y het erogéneas. Las penetraciones interiores -las galerías- tendían a localizarse en las zonas de mayor movimiento comercial. Las penetraciones exteriores - los pasajes abiertos-, en cambio, se distribuían casi siempre en el anillo pericentral. Importantes edificios se articulaban, progresivamente, en sus plantas bajas, con la calle. A los tradicionales monumentos o edificios de cierto valor histórico-artístico se sumaban otros que emergían en el área céntrica de la ciudad: hoteles, bancos, ministerios, torres de oficinas. Los bordes del cent ro, otrora límites infranqueables, se hicieron permeables a costa del sistema de aperturas exteriores. Se integró, así, el cerro Santa Lucía y las manzanas adyacentes; también el borde norte y el río Mapocho, apoyado en el Parque Forestal y la sucesión de plazas que se agregan. Respecto de los bordes al norte y al sur de la Alameda -otrora paseo-, se reforzaron las conexiones y las articulaciones entre ambas franjas. Conforme se empleaban nuevos materiales y sistemas constructivos, crecían las posi- bilidades de edificar con mayor altura, propiciando la liberación de los niveles más próxi- mos al suelo y, por ende, la conquista de los interiores de predios y manzanas. 71 José Rosas V., La partición de la manzana: Cómo se modemizó el Centro de Sa11tiago de Chile, Revista UR Nº 3, 1985, p. 34. 72 Fernando Pérez O., José Rosas V. y Luis Valenzuela B., Las aguas del Celltenario: infraestructura y embellecimiellto urbano. Revista ARQ Nº 61, Santiago, 2005, p. 73. 73 Ramón Gutiérrez, i'vlodelos e imaginarios urbanos europeos y america110s. 1900-1950, Especial Karl H. Brunner, en Revista de Arquitectura Nº 8, óp. cit., p. 3. 176
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