Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Aunque menos unitarias en sus diseños, el resto de manzanas pertenecientes a las congregaciones religiosas tuvo un destino similar: reducción de la superficie asignada al culto, fraccionamiento y división de los frentes de predios y construcción de edificios de mayor altura. Y fue precisamente la irrupción de edificios nuevos la causa de dos fenómenos: la fusión de solares y el proceso de reconversión geométrica, que caracterizó el Santiago de las siguientes décadas. En este periodo se gestaron notables obras arquitectónicas: el Portal Fernández Con- cha; el Edificio Phillips - reemplazó a la Galería San Carlos-; el edificio del Teatro Real, en la calle Compañía; El Banco de Chile, en la calle Ahumada; los edificios Ariztía y el Edificio de la Bolsa, en la calle Nueva York; el Hotel Crillón, en Ahumada; el Banco Hi- potecario y Nacional; el Edificio Gath y Chávez, en la esquina de Estado y Huérfanos; el Edificio Oberpaur, en calle Estado esquina Ahumada; los edificios La Nación y el Minis- terio de Hacienda, en las calles Agustinas y Teatinos, respectivamente. Tras su regreso a Chile, arquitectos como Sergio Larraín García Moreno, Juan Martí- nez, Rodulfo Oyarzún, Roberto Dávila, embebidos en la vanguardia europea, pusieron en marcha el Movimiento Moderno en Chile. En 1929 recibieron la influyente visita de Le Corbusier, que pregonaba sus ideas a través del cono sudamericano 64 . Otra vertiente del Movimiento Moderno provino de la acción de artistas e intelec- tuales que planteaban la búsqueda de una identidad estética específicamente nacional e hispanoamericana. Era el "Grupo de los Diez", inspirado en el trabajo de los arquitectos argentinos Martín Noel y Ángel Guido, que visitaron Chile en aquella época. Sus postu- lados arquitectónicos están contenidos en Ensayos sobre Arquitectura y Poesía. La búsque- da de una arquitectura enraizada en la tradición se materializó en la intervención de La Casa de Santa Rosa esquina Alonso Ovalle. Algunos estudiosos señalan que se trata del primer intento de restauración no historicista. Otro factor que explica una cierta renovación expresiva en materia de arquitectura es la incorporación del hormigón armado y del cálculo antisísmico en los edificios, luego de una serie de devastadores terremotos: de Valparaíso, en 1906; de Vallenar, en 1922; y de Chillán, en 1934. Pero ese factor no afectó de manera determinante la apariencia de la arquitectura, que siguió siendo ecléctica, a juicio de Ramón Méndez. El academicismo siguió representado por obras tardías de Alberto Cruz Montt y Ricardo Larraín Bravo, Manuel Cifuentes, Alberto Siegel y José Forteza, y por propues- tas de otros arquitectos de formación norteamericana, tales como Munizaga o Smith Solar 65 . Imposible no tener presente que la ciudad se estremece en cada movimiento telú- rico, con una frecuencia casi programada. Y que pese a las improvisaciones propias de los momentos de aflicción, el área central mantiene sus genuinos focos de valor, como si estuviesen protegidos por una voluntad superior. La constelación de pequeños núcleos cargados de historia resiste sin más armas que sus virtudes intrínsecas. 64 Humberto Eliash y Manuel Moreno, óp. cit., p. 81. 65 Jaime Matas Colom, Historia morfológica de la ciudad en Chile, Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño, Serie de textos de estudio, Universidad Mayor, Santiago, 2004, p. 93. 172

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