Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Las más directas referencias que se conocen son, por una parte, el plano del Padre De Ovalle de 1646 -una imagen un tanto idealizada de la trama reticular- y, por otra, el primer levantamiento topográfico de la ciudad de Santiago realizado en 1712 por el oficial de la Armada Francesa, Arnadeo Frézier. Por fortuna, los focos de valor patrimonial no han variado sustancialmente en el tiem- po. Conservan su atmósfera esencial y sus elementos representativos, si bien han mutado formalmente, destilan la misma vitalidad que convoca a los transeúntes. El cambio de imagen se producía. Leopoldo Castedo afirma que, por alguna razón, la planta de las edificaciones se hizo más extensa, alcanzando un área cuatro o cinco veces superior a lo normal 58 . Por su parte, Vicuña Mackenna señala que: ... alteró visiblemente la arquitectura, haciendo no solo que se construyeran de nuevo desde el fondo de los cimientos, sino que imprimió esas formas pesadas y macizas de las que solo hey ( 1868) el arte comienza a emanciparse. El reforzamiento estructural para hacer frente a los sismos y la ocupación cada vez más densa de los solares provocaron que la apariencia de la ciudad se tomara más ro- busta; aumentó la masa de lo edificado respecto del vacío, incrementándose la diferencia entre la arquitectura pública de la privada. La utilización de contrafuertes, mayores espesores en los muros soportantes y basa- mentos, la reducción de alturas de piso a cielo, la preeminencia de construcciones bajas, amén de la progresiva subdivisión de las manzanas, contribuyeron a la formación de un tejido urbano algo distinto al de la etapa anterior. Para Ramón Méndez, el terremoto de 164 7 deja una amarga experiencia que obliga a reconocer mejor la noción de lugar y contribuye en fuerte medida a la caracterización de esta arquitectura 59 . Uno de los hitos del desarrollo urbano de Santiago lo constituye el "Plan de Arquitec- tura Urbana", solicitado por el Ministerio del Interior a la Municipalidad de Santiago y que se llevó a la práctica entre 1839 y 1860. Gracias a él se abrieron muchas de las calles que se habían clausurado cuando se instalaron, en plena ciudad, las órdenes religiosas 60 . Si se hace el ejercicio de comparar algunos planos entre sí -el de Fr. J. Javier de Guzmán (1834-36) con el de Herbage (1841) y con el del Ingeniero Mostardi-Fioretti (1864)-, es perfectamente posible advertir la evolución de la ciudad. Cada plano tiene, efectivamente, la facultad de congelar el tiempo para dar cuenta de un determinado momentos histórico. El Plano de Guzmán muestra tres lugares con atributos como para constituirse en focos de atracción: la Plaza principal, la Plaza de Abastos y la Plazuela de la Moneda. Al mismo tiempo se percibe, sin embargo, ciert a pérdida de continuidad en las calles que surcan la ciudad de oriente a poniente y, por otra parte, una decidida barrera agrícola en la zona poniente. Se reconocen, entre otras edificaciones religiosas, la Catedral y las igle- sias de la Compañía, Santo Domingo y las Monjas Claras, tradicionalmente localizadas en 58 Leopoldo Castedo, Cuatro siglos en la historia de Santiago, p. 204. 59 Ramón Méndez, La co11stn1cción de la arquitectura y la co11srrucció,1 de la modemidad, 1500-1970, Documento de Tabajo, Santiago, 1983, s/ref pp. 60 Ramón Méndez, óp. cit., s/ref pp. 170

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