Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Cuando se celebró el Centenario de la Independencia de Chile, en 1910, despuntó un repentino entusiasmo por los objetos antiguos, por las imágenes y canciones del pasado. El interés alcanzó, también, los edificios históricos y todo cuanto constituía su repertorio de formas y ornamentos: se imitaban rejas, balcones, portadas. Sin embargo, los tipos arquitectónicos se mantenían inmutables. Lo importante era la superficie, lo externo, aquello que visualmente conformaba el telón de fondo del transeúnte. Pero la modesta variedad de tipos arquitectónicos, la insistencia de los mismos ma- teriales utilizados - por lo general sustancias térreas- no hacían más que conformar un continuo manto, de altura homogénea, que dejaba algunos claros: plazoletas que se her- manaban con los templos que le daban nombre e identidad. Los focos históricos recla- maban su lugar propio en la ciudad. EL PRURITO DE LA TRANSFORMACIÓN URBANA El sosiego y la sencillez de la traza hipodámica que sustentaba el diseño de la ciudad no parecía satisfacer el gusto de las autoridades de turno. Y es que en el arco de tiempo comprendido entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, el modelo ur- banístico imperante que obnubiló a los intelectuales más influyentes fue el que implantó, en París el Prefecto del Sena, Barón Haussmann, bajo el gobierno de Napoleón IIP 6 . Exis- ten, por cierto, antecedentes anteriores que revelan intentos por hacer de las ciudades verdaderos museos al aire libre, recargados de obras ostentosas. En la serie de Exposicio- nes Internacionales de Arte e Industria, por ejemplo, los países europeos y americanos mostraban al mundo sus progresos científicos, industriales y culturales. Se alzaban, como parte de la muestra, construcciones monumentales en los que campeaba la teatralidad escenográfica y decorativa 37 . La primera de aquellas exposiciones se llevó a cabo en 1851, en Londres para celebrar la coronación de la Reina Victoria como Emperatriz de la India. Mientras en la Vieja Eu- ropa corrían vientos colonialistas, los pabellones se engalanaban con productos exóticos que daban cuenta de una economía floreciente. En los tratados de la época -como el "City Beautiful Mouvement"- se advierte el interés por el embellecimiento de la ciudad antes que por los aspectos funcionales, eco- nómicos o sociales. La transformación de París fue, entonces, un poderoso fenómeno urbanístico cuyos efectos se expandieron por todo el mundo. Haussmann propuso abrir la ciudad mediante amplias avenidas que relacionaran los edificios de más calidad y significado. De golpe París -donde confluían las artes, la cultura y el buen gusto- se había convertido en el modelo a imitar. Benjamín Vicuña Mackenna, a la sazón Intendente de Santiago, no tardó en sumarse al crecient e número de admirado- 36 Leonardo Benévolo, El debate sobre la obra de Haussmann, en "Historia de la Arquitectura Moderna", Editorial Gustavo Gili, S. A., segunda edición, Barcelona, 1974, pp. 112-11 7. 37 René Martinez, Santiago: los planos de transfonnación I894-1928, en "Santiago Centro un siglo de transformaciones", Ilustre Municipalidad de Santiago, Dirección de Obras Munici pales, Santiago, 2006, p. 23. 162

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