Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
fabricaba en el país, haciendo imaginativos trabajos en hierro y en cobre. En ocasiones se substituían por balaustres de madera torneados de graciosos perfiles; en los recuadros y tableros de puertas y postigos era común encontrarse con decorados de marcada influen- cia árabe. Otro tanto puede decirse de los artesonados y de los pisos de madera. La edificación privada progresó notablemente después del terremoto de 1730. La introducción de balcones orientales, inspirados en los de la ciudad de Lima, contribuyó a combatir la monotonía compositiva de las casas. Mejor compuesta aún, no obstante su pesadez, fue la Casa Colorada, en 1788: una fachada de dos pisos, sobria y elegante. Aun cuando el tipo de la casa tradicional prevalece, a mediados del siglo XIX se inició la gran transformación de la arquitectura privada santiaguina. El cronista Teodoro Child escribía, en 1890: La genuina casa chilena es la antigua casa española, edificada en torno de un ancho patio, y separada de la calle por una reja y macizas puertas de hierro que se cierran al caer la noche, tal como las he visto en Córdoba o Sevilla, con su frente oculto por los naranjos y las plantas del jardín que lucen en la clausura del patio; esta es la semio- riental morada de Andalucía, sagrado refugio de la familia, no abierto a los extraños. De estas casas coloniales, de anchos aleros, de labradas vigas, con las puertas clavetea- das y gruesas rejas de hierro en las ventanas, quedan muchas en Santiago 34 • El mismo Child añadía, cáustico: Muchas de estas casas tienen considerable mérito arquitectónico, y ostentan, además, verdadero mármol. iPero la mayoría~ ... iAy\ desde que don Pedro de Valdivia fundó a Santiago, hace trescientos cincuenta años, sus habitantes no han tenido tiempo de crearse una personalidad distintiva, y han preferido ir a buscar su inspiración en los templos griegos del siglo de Pericles y en los castillos medievales de la época de las cruzadas, como se manifiesta en el edificio del Congreso, en la Catedral y en las torres del Santa Lucía. Una ausencia semejante, no solo de originalidad, sino también de las más elementales ideas de adaptación a un fin útil, a la comodidad, etc., se manifiesta en muchas mansiones particulares que la riqueza o la vanidad han erigido. Un señor tiene una casa al estilo de Pompeya, otro se ha hecho construir un sombrío edificio de un falso estilo Tudor, y otro ha querido ser más original y ha pedido un palacete turco- siamés con cúpulas y minaretes. La más suntuosa mansión de Santiago, la de la señora lsidora de Cousiño, está más desprovista de originalidad que las otras. Es una vali osa construcción de dos pisos, con pilastras jónicas y capiteles y fayenza azul y amarilla a lo largo de la fachada. El jardín que rodea la casa también recuerda la horticultura europea. Muchas veces se han mirado con interés nuestros viejos edificios y, no obstante, hasta ahora, ese interés se ha referido a lo pintoresco de ellos, siendo que su verdadero valor reside en su aspecto funcionaP 5 . 3• Thédore Child, Les Republiques Hispano-Américaines, Librairie lllustrée, París, 1891 , p. 70 . 35 Thédore Child, óp. cit., p. 71. 161
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