Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

mino correcto es recuperar la centralidad perdida, reconociendo el valor de los espacios y conjuntos arquitectónicos cuya calidad es ajena al paso de los años. Pero la revalorización de los cascos históricos exige, además -y de manera ineludible- una participación social amplia y generosa, involucrando las esferas política, cultural y económica. El ciudadano debe estar presente en todas las manifestaciones. Lo ideal es que los modelos de intervención -cuando se intente revitalizar el núcleo fundacional- no solo se conformen con mantener la población residente, sino que, además, alleguen nuevos ocupantes. Las operaciones modificatorias merecen muchísima más atención cuando se trata del casco histórico, porque no se trata de un barrio más de la ciudad. Es allí donde la historia se concentra aplicadamente para conferirle la preciada identidad. La natural tendencia de las comisiones defensoras del patrimonio, hoy en día, es defenderlo todo: conservar al máximo el ambiente urbano y, a capa y espada, aquellos edificios con cierto valor arquitectónico, bajo la consigna de que solo de ese modo se protege la calidad de vida del hombre. Está demostrado que un espacio deprimido cobra más valor si en este se implanta una pieza arquitectónica capaz de devolverle vitalidad. Y no necesariamente replicando formas o estilos del pasado. Las incorporaciones nuevas, más bien, deben ser consecuentes con la atmósfera, con el espíritu y ciertos lineamientos físicos, de la arquitectura ya consolidada. UNA APROXIMACIÓN A SANTIAGO DE CHILE Si bien ha sido analizado desde diversos ángulos, Santiago no cuenta con un estudio aca- bado respecto de su evolución arquitectónica y urbana. Autores como Benjamín Vicuña Mackenna, Eugenio Pereira Salas o René Martínez Lemoine-por mencionar representan- tes de tres épocas distintas- se han tuteado con la historia de la ciudad, escudriñando los años fundacionales. Hay quienes han puesto su acento en los aspectos geográficos, deter- minando los valores que el suelo y los poblados encima construidos tienen para la nación. Pero pocos estudios hay, hasta la fecha, acerca de la metamorfosis que la capital de Santiago ha experimentado a lo largo de sus casi cinco siglos de existencia posfundacio- nal. En el nivel discursivo, son muchos los arquitectos que han incursionado en el cono- cimiento de la ciudad. Casi siempre con un enfoque parcial, focalizado en la obra de un determinado arquitecto, corriente o movimiento. Abundan los artículos y escasean los ensayos. Precisamente un artículo de Miguel Lawner 8 trata el crecimiento de la ciudad desde una mirada social. El arquitecto Jaime Matas Colom, por su parte, en su libro Historia morfowgica de la ciudad en Chile, publicado en 2004 por la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad Mayor, en Santiago, ve en la ciudad una serie de formas que se suceden según se despliegan los distintos periodos de la historia 9 • s Miguel Lawner, La remodelación del centro de Santiago, Ediciones Taller de Vivienda Social (TVS), Santiago, septiembre de 1990, p. 19. Jaime Matas Colom, Historia morfológica de la ciudad en Chile, Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño, Serie de textos de estudio, Universidad Mayor, Santiago, 2004, p. 16. 16

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