Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
El plano elaborado por Herbage en 1841 da cuenta de una ciudad ext ensa, en la que se alternan los paseos y las plazas con la edificación civil y religiosa, en un trasfondo de jardines y huertos siempre bien cuidados 28 . Santiago aún no se poblaba de alardes de grandeza. Disponía, eso sí, de algunas zonas que habrían justificado la primera impresión de Córdoba Figueroa: la ciudad deleitosa a la vista. La disposición urbana y su arquitectura emanaban una rara unidad. La fotografía que Harvey tomó en 1800, en la que muestra la ciudad en una vista panorámica desde el cerro Santa Lucía, ya expone, sin embargo, que advienen modificaciones que habrán de subvertir esa unidad. Una actual mirada desde el mismo cerro Santa Lucía es la evidencia más palmaria de los desatinos y aciertos que la ciudad ha vivido a lo largo de su historia. La ciudad se transforma, qué duda cabe. Y la pugna entre lo que permanece y lo que se extingue es el resultado final. Fernando Chueca-Goitia advierte: En la realidad del mundo existe un principio de mutabilidad y otro de permanencia. Tan incomprensible nos seria esta realidad carente del uno como del otro. Es posible que inmediata y espontáneamente nos parezca más evidente el primero que el se- gundo. Tenemos siempre ante la vista la cadencia de todas las cosas, y una de nuestras nociones primigenias más evidentes es la del fluir del tiempo en que nos hallamos inmersos, aunque nos resulta oscura su última esencia y aún improbable desde un punto de vista extrahumano. Pero humanos somos, a ello tenemos necesariamente que atenernos y no podemos saltar sobre nuestra propia sombra 29 . LA VTVlENDA COLONIAL, UNA HOMOGENEIDAD NECESARIA El esquema de la casa tradicional ha permanecido con firmeza porque ha respondi- do a las exigencias del clima y a las costumbres de sus habitantes. La relación entre el patio abierto, el corredor y los recintos, están lógicamente conseguidas. Diversos elementos que, con el desarrollo de la construcción, adquirieron cierta variedad y gracia, llegaron a ser clásicos en estos inmuebles: las portadas, los corredores, los bal- cones, entre otros. Dependiendo de la destreza y capacidad artística de los alarifes, se convertían, a veces en piezas notables. De cualquier modo, las ext ensas áreas resi- denciales conformaban el adecuado relleno que precisaban los hitos arquitectónicos que perlaban la ciudad. El padre Alonso de Ovalle explicaba: Fuera de los cimientos, que son de piedra tosca, pero durísima, que da el cerro Santa Lucia, y fuera de algunas portadas y ventanaje que hay de molduras de piedra blanca o de ladrillo, lo demás es de adobes muy firmes, porque el barro de que se hacen se endurece con la paja que se mezcla 30 . 28 René Martinez L., Santiago, una ciudad inconclusa, en Revista AUCA Nº 50-51 (Arquitectura / Urbanismo / Construcción/ Arte), Santiago, 1986, p. 21. 29 Fernando Chueca Goitia, Invariantescastizosdela arquitectura espa,iola , Editorial Dossa tde Bolsi llo, 1\lladrid, 198 1, p. 18. 30 Alonso de Ovalle, Histórica relación del Reino de Chile y de las missio11es y ministerios que exercita en el la Compa,iía de Jesús, Col. Colección Biblioteca Nacional, Santiago, l 646, p. 332. 159
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