Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Pero, ¿qué hay de los valores permanentes, aquellos que no solo dan cuenta de los principios prácticos? Por cierto, también reclaman su derecho a estar presentes. De allí que en los países industrializados la tendencia sea conservar lo sustancial de las antiguas edificaciones antes de hacer derribos impiadosos. A los edificios que son parte de la his- toria hay que inyectarles vida mientras se les reconozca méritos arquitectónicos. La solución no es, en caso alguno, momificarlos y justificar su pervivencia mantenién- dolos en pie como piezas de museo. Por lo demás, cada vez existen menos organismos públicos o privados que se interesen en sustentarlos. Pero el cambio de destino de un inmueble -y su sobrevida, en consecuencia- depen- de, sin duda, de muchos factores. Uno de ellos es la potencialidad que el propio edificio tiene para ser refuncionalizado. Puede ocurrir que, desde el punto de vista material, el edi- ficio apenas necesite de una mínima intervención para recibir una actividad polarmente distinta. Lo ideal es que sus cualidades expresivas no desmientan el nuevo uso. Solo así se puede dignificar una obra que lleva a remolque un largo pasado. Solo así se convierte en materia prima de un ejemplar reciclaje. Intervenir correctamente un edificio construido significa mantener la continuidad y la identidad del lugar. Significa sumar el presente al pasado, en un intento por suturar la historia. Hay que reconocer que todos los edificios, sin excepción, terminan por ser in- tervenidos, en escala grande o pequeña: el tiempo deja su huella y el hombre se empeña en borrarla mediante acciones que buscan satisfacer nuevas necesidades. Pero una inter- vención siempre se va a justificar si se trata de un edificio antiguo de valor ya reconocido, bien por su carácter excepcional, bien por la sobria neutralidad con que se hermana al contexto. Lo que importa es salvarlo de la incuria y del olvido, asignándole, si hace falta, un nuevo destino. Un destino que lo enaltezca. El di lema siempre seguirá siendo el cómo resolver la confrontación entre lo nuevo y lo antiguo, entre las formas tradicionales y las contemporáneas. Los arquitectos que habitualmente intervienen los edificios históricos no son los especialistas y, por lo mismo, guardan alguna distancia emocional con los inmuebles ya consagrados por la historia. Pareciera que no se resignan a aceptar las leyes morfológicas que los definen, y por eso persisten en subvertirlas. Los FOCOS DE LA CONTINUIDAD Aunque resulte paradój ico, los principios del Movimiento Moderno se remontan al espí- ritu romántico de los artistas de finales del siglo XVIII. Y es que a causa de la Revolución Industrial que sobrevino en los primeros años del siglo XIX comenzó la masificación de un buen número de productos. El arte, que era consumido principalmente por la clase media, no fue la excepción 9 . Pero fueron precisamente los seguidores del movimiento romántico quienes se nega- ron a aceptar la popularización del arte. Marina Waisman, Cen.tros hisróricos, Documentos de Arquitectura Nacional y Americana Nº 7, Biblioteca de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Córdoba, 1979, pp. 97-98. 150

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