Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
desplazamiento de los residentes del núcleo central, generalmente de escasa renta, hacia la periferia. La amenaza de la globalización tampoco puede desestimarse. Mientras en la Unión Europea se discute cómo adaptar la nueva economía al modelo social y político y, por extensión, cómo lograr que los centros históricos se adapten a esa realidad, en América Latina apenas se está tomando conciencia acerca del impacto de la globalización sobre las ciudades. Con retardo, lamentablemente: las transformaciones que no conocen de la paciencia ni de la suficiente maduración proponen un modelo de urbanización que se caracteriza por el descrédito de la historia, por la pérdida de la importancia funcio- nal y económica de los cascos antiguos, por el progresivo deterioro y la expulsión de sus habitantes. Surgen, asimismo, subcentros en áreas de reciente creación - las nuevas centralidades- en tanto crecen incontroladamente las áreas residenciales en la periferia metropolitana. Las intervenciones se suceden con mayor o menor acierto. Algunas - las que incluyen la planificación total- de gran impacto en el entorno. Otras con una influencia mínima, por estar confinadas a un ámbito pequeño, casi doméstico. En ciertos casos la acción no va más allá de la sustitución de un determinado elemento. Algunas ciudades europeas fueron objeto de auténticos proyectos de reconstrucción, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial5. Se trataba de levantar la materia aba- tida, recomponer los edificios bárbaramente derribados. Pero también el espíritu de los habitantes, humillado hasta sus raíces. En el caso de Varsovia, por ejemplo, en materia de imagen los cambios son mínimos, lo que no impidió que se evolucionara desde unas for- mas de vida próximas a la miseria 6 , con una densidad excesiva, hasta aquel planteamiento urbanístico en el cual cabían los espacios libres y una cierta holgura que hoy permite vivir con agrado. Se debe a los filósofos, a los historiadores, a los arquitectos, a los restauradores e inte- lectuales -a la elite ilustrada, en suma- la supervivencia de los centros antiguos con una importante carga patrimonial. Los han defendido por considerar que involucran rasgos identitarios de alcance nacional. No sin razón algunos edificios, conjuntos o lugares, se han alzado hasta la cima del reconocimiento: la UNESCO les declaró Patrimonio de la Humanidad 7 . Este privilegio, que constituye una verdadera oportunidad para asegurar la continuidad de la arquitectura histórica, entraña, sin embargo, un riesgo enorme: la falta de acción que condena al marasmo y la degradación progresiva a las edificaciones que se respetan al grado extremo de no tocarlas, cuando lo sensato es adaptarlas a las exigencias de los nuevos tiempos. Pero así como hay centros históricos que definitivamente avanzan hacia la extinción por la escasa utilidad que prestan a los ciudadanos, también existen aquellos que pierden sus valores culturales por una suerte de hipertrofia derivada de una vitalidad excesiva. Por fortuna ya son varios los países en los que es posible comprobar que sus centros históricos han cobrado un rol protagónico. Las autoridades han comprendido que el ca- s Al fonso Álvarez Mora, óp. cit., p. 16. b Alfonso Alvarez Mora, óp. cit., p. 17. 7 Martha Rosalía Sánchez López, óp. cit ., p. 142. 15
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