Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Las más recientes intervenciones en la Plaza de Armas Una suerte de sismo local sacudió a la Plaza de Armas cuando, una vez demolido el edi- ficio Krauss, se alzó en su lugar, en 1981 -en la esquina norponiente de la plaza, a pocos metros de la catedral-, un ortoprisma de superficies reflejantes. La ruptura de la escala fue violenta. También resultó invasiva la irrupción de unos códigos expresivos tan ajenos a los que se habían tatuado en la memoria colectiva como imagen tradicional. Los autores del proyecto (Echenique, Cruz y Boisier) explicaron que el cristal espejado devuelve la imagen de la catedral y contribuye a la unidad de la edificación. Pero no solo los bordes de la plaza han sido motivo de cambios. La metamorfosis también incluye el gran vacío central, periódicamente modificado en su diseño. Esta vez fue el turno del proyecto de Rodrigo Pérez de Arce, que despertó una en- cendida polémica tan pronto se dio a conocer, una vez que ganó el concurso nacional. Materializado parcialmente e inaugurado en febrero del año 2000, propuso liberar de especies vegetales las franjas norte y poniente de la plaza, con el propósito de exponer en toda su amplitud las fachadas de los edificios que las limitan. El proyecto reconoce -y mantiene, por lo mismo-, la posibilidad de realizar múltiples actividades comunitarias, acogiendo a pintores, artesanos y artistas callejeros que encuentran allí un lugar propicio para desarrollarse. Se separan las funciones de tránsito y permanencia, creando espacios diferenciados: el vacío frente al Edificio de Correos, al Museo Histórico Nacional y la Municipalidad de Santiago, afirmando su monumentalidad; la explanada delante de la Catedral y el Pa- lacio Arzobispal; el cuadrado vegetal, desplazado del eje original - la fuente, no obstante, mantiene su localización primitiva- recoge las funciones de paseo y descanso. Es el lugar donde se concentran los árboles y ciertos elementos que otorgan a la plaza un sentido: el odeón y la banda de músicos, las mesas donde se instalan los jugadores de ajedrez, la fuente de agua. Los tentáculos del tren metropolitano llegaron, también, a la Plaza de Armas. Dos puntos de concentración de público masivo dan cuenta de los accesos que se distribuyen en el costado norponiente del vacío central. El flujo diario se ha incrementado explo- sivamente con la llegada de este medio de transporte hasta el corazón de la capital. Se incrementó, como natural consecuencia, el valor del suelo y el interés por los sitios po- tencialmente edificables. Una de las estaciones se localiza en el cost ado poniente del edificio del Correo Cen- tral. Los arquitectos lo justifican de este modo: El metro introduce la dimensión del subsuelo como lugar público y umbral metropolitano; antítesis del críterío de subsuelo como infraes- tructura, queremos instaurar como concepto de subsuelo noble, reconociendo y celebrando el paso cotidiano de las multitudes desde el metro hacia la ciudad 89 . Del proyecto original no llegaron a materializarse las cortinas de agua, con las cuales se pretendía crear efectos ornamentales. Pero los autores advierten que las virtudes del "'' Rodrigo Pérez de Arce A. et al., Una Plaza para el próximo milenio, artículo en Revista ARQ Nº 39, Santi ago, 1998, p. 48. 143
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