Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

última fue abierta en 1850 y se transformó en el principal acceso al Campo de Marte y Parque Cousiño 80 . La calle Dieciocho se consolidó a 30 años de su trazado, cuando se concretó en 1873 el proyecto del Parque Cousiño, edificado por don Luis Cousiño. En 1873 se loteó la Quinta Meiggs, dando origen a las actuales calles República y Avenida España. En ellas, como en la paralela calle Dieciocho, se construyeron amplias y fastuosas residencias. Aunque con menos esplendor, el Barrio Yungay era otro de los sectores apetecidos para vivir. El barrio de La Chimba, en el área norte, no abandonaba su tradición de casas continuas de adobe y tejas. Las calles aún no conocían el pavimento. La Plaza de Armas, a pesar de las reseñadas transformaciones, mantuvo su escala y espacialidad originales. Los verdaderos cambios los propuso el automóvil, cuyo creciente protagonismo sig- nificó alteraciones en el sistema de transporte de la ciudad. En 1900 ya habían circulado los primeros automóviles. Quince años después fue necesario dictar un reglamento para el tráfico 81 . Correspondió al alcalde Eliecer Parada, en 1930, disponer la pavimentación de todas las calles de la ciudad, sustituyendo la tierra por adoquines, asfalto o concreto. La movilización pública se hizo más eficiente cuando la Municipalidad puso a disposición diversas líneas de "góndolas" y, tiempo después, coches de tracción animal conocidos como "victorias". A esta época también corresponde la transformación del cerro San Cristóbal: se le- vantó el monumento a la Virgen Inmaculada Concepción en su cumbre. Años después, durante el gobierno de Arturo Alessandri Palma, se realizaron en el cerro los trabajos que lo convirtieron en un nuevo paseo público de la ciudad. Se inauguraron, entonces, el camino de subida, el funicular y el zoológico. El Plan Regulador de Santiago, en 1960 Al iniciar el nuevo siglo, Santiago contaba con 3.500 hectáreas, en las que se distribuía una población de 300.000 personas. Los servicios -redes de alcantarillado, agua potable, electricidad y gas- satisfacían las necesidades de la población. Pero el explosivo creci- miento demográfico los tornó insuficientes: los 300 mil habitantes de 1900 aumentaron a 700 mil en 1930; a 950 mil en 1940, a 1,2 millones en 1950; a 1,8 millones en 1960; a 3,6 millones en 1970; a 4 millones en 1980. La ciudad se expandió y las viviendas se multiplicaron inevitablemente, estimulando la creación de nuevos sectores financieros, de servicio y de abastecimiento 82 . Al urbanista austriaco Karl Brunner se deben importantes trasformaciones en Santia- go, entre 1929 y 1934, tiempos en los que contar en América con un urbanista europeo 80 Sady Zañartu, Santiago calles viejas, Editorial Nacional Gabriela Mistral, Santiago, 1975, p. 86. 81 Sady Zañartu, óp. cit., p. 87. 82 Gonzalo Cáceres Quiero, Modernización Autoritaria y Renovación del Espacio urbano, Santiago de Chile 1927-1931, Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia. P. U. C., Santiago, 1995, p. 88. 140

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