Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

urbana. En tales términos, ¿cómo elaborar un análisis serio y proponer soluciones inteli- gentes cuando, en algunos casos, se carece de las referencias indispensables? 1 • Nadie desconoce que la ciudad hay que explicarla como una realidad compleja, en cuyo paisaje se interrelacionan elementos ambientales, legados históricos, poderes eco- nómicos, tensiones sociales y, por cierto, el cúmulo de aspiraciones y deseos de los ciu- dadanos, que son su razón de ser. Además de paisaje cultural, la ciudad es una realidad física, dinámica -vertiginosa a menudo- en permanente reorganización 2 • Sus ajustes son el resultado de urgencias, de coyunturas históricas, de planes largamente analizados o, simplemente, de decisiones antojadizas. Lo que no se puede negar es que la ciudad es un ente vivo, que se resiste a la inacción. Mientras haya vida, la arquitectura seguirá siendo posible. Si la ciudad deja de ser útil a sus moradores, muere, se vuelve yerma y, en ese caso, se convierte en arqueología 3 . Nada más contraproducente que el intentar un conservacionismo a ultranza, igno- rando los embates del progreso. Tampoco se trata de anular la historia: la ciudad está hecha de estratos y todos ellos pueden coexistir con plena vitalidad. El tejido urbano es acomodadizo, un verdadero repositorio de experiencias jóvenes que nutren sus antiguas estructuras, articulando un todo armónico. La mayor parte de las ciudades combina lo viejo y lo nuevo, lo tradicional y lo con- temporáneo. Su cara más visible son las fachadas que proporcionan la envolvente de las calles, determinando su escala. Pero hay, también, rasgos intangibles que son los que otor- gan identidad y carácter a ciertos fragmentos urbanos, que reconocemos como barrios. Una mirada a la historia de las ciudades iberoamericanas pone en evidencia que su proceso de identificación se expresa mediante una memoria propia y sostenida por sus tradiciones particulares. Pero son muchas las amenazas que las acosan. Si aceptamos que el crecimiento demográfico es incontenible, ¿cómo impedir que rebase los límites razo- nablemente aceptables? ¿O que crezca excesivamente en altura, malogrando la escala? Un peligro mayor lo constituye el irrefrenable impulso que asiste al hombre de hoy por dar paso a la vanguardia, eliminando o desnaturalizando la fisonomía que identificaba a la ciudad de antaño. Tímidamente se alzan unas pocas voces para defender el patrimo- nio arquitectónico, apoyados en una serie de leyes y reglamentos que decret an la obliga- ción de conservarlo y mantenerlo en buen estado. Este clamor en sordina es insuficiente. Las más de las veces se reacciona tardíamente, cuando los hechos están consumados. Se aplica, sin más análisis, la "política del despilfarro"4, que implica la demolición indiscrimi- nada de bienes inmuebles, sin importar, muchas veces, su verdadero estado de conserva- ción. Hay que reconocer, en primer término, que se aborta la vida de un bien que puede seguir siendo útil. Y, a continuación, como si el daño no fuera suficiente, se contribuye al 2 3 • Ema Scovazzi, Ce11tros históricos y cultura urbana en América Latina, Valladolid, 1996, p. 137. Martha Rosalia Sánchez López, La rehabilitación de los centros históricos en México: un estado de la cuestión, México D. F., 2000, pp. 135-154. Luis Machuca Santa-Cruz y Ángel Recio Ruiz, i'vfemoria de gestión del Departamento de Arqueologia, Málaga, 1986, Nº. 8-9, 1986-1987, pp. 241-248. Alfonso Álvarcz Mora, La cuestión de los centros históricos. Generaciones de planes y políticas urbanísticas recientes, Revista "Pensar la ciudad, vitalidad y límites del plan urbanístico", Instituto de Urbanística de la Universidad de Valladolid, Secretariado de Publicaciones, Valladolid, 2000, p. 18. 14

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