Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

mucho césped. La extensión de la naturaleza era, para él, sinónimo de vida 73 . El destino quiso que, de los proyectos que modificaban la Plaza, solo se materializara su arboriza- ción: incorporó olmos, acacias y gomeros. El mayor de los problemas con el cual hubo de enfrentase-como casi siempre ocurre- fue la falta de fondos municipales para atender las necesidades esenciales de la ciudad. Aun así, entre 1872 y 1873 consiguió adoquinar doce manzanas centrales; precipitó la conclusión de las obras del Teatro Municipal -destruido por un incendio-; impulsó el avance de la estructuración de la techumbre del Mercado Central con una armazón de hierro traída directamente de Europa . Además de contribuir a la terminación del Parque Cousiño, mandó plantar más de dos mil árboles en la Alameda. Y tampoco descuidó el Paseo de los Tajamares. El transporte de la ciudad fue reforzado con una línea de autobuses, así como el ferrocarril urbano, mientras los servicios de agua potable y alumbrado público fueron integrados al progreso general. Fueron suficientes los tres años que Benjamín Vicuña Mackenna estuvo en la Inten- dencia para que, al momento de su retiro, en 1875, se advirtiera que la ciudad había dado un gran salto hacia el desarrollo. La transformación de Santiago, emprendida por Vicuña Mackenna, es, en buena me- dida, el antecedente inmediato de un periodo que se extendió por lo menos hasta 1930, en el cual el pensamiento urbanístico era enteramente tributario del modelo parisino 74 . En 1882 Santiago contaba con 12.441 casas y una población de 180.000 habitantes; exist ían 1.107 carruajes particulares y más de 570 coches de arriendo. Cuarenta y cinco mil personas al día recorrían la ciudad desde la Universidad hasta el Mercado en el fe- rrocarril urbano. El sistema de t ranvías a tracción animal ("carros de sangre"), que se había inaugurado en 1857, fue sucedido, en 1900, por el primer tranvía eléctrico. Cabe recordar que la luz eléctrica, estrenada en 1881 en el Portal Fernández Concha, permitió que cada local de la planta baja del mismo dispusiera de alumbrado propio. Por su parte, el Hotel Inglés, que se localizaba en el segundo piso del portal, dos años antes ya contaba con luz eléctrica en todas sus habitaciones. La iluminación alcanzó, poco más tarde, al Portal MacClure 75 . A fines de siglo XIX la Plaza de Armas, en términos paisajísticos, experimentaba unas cuantas transformaciones: se eliminaron sus rejas, el círculo central y la antigua "Pila de Rosales", para ser reemplazados por un trazado de senderos en curvas. A las especies plantadas durante el periodo de Vicuña Mackenna, el paisajista Guillermo Renner agre- gó otras tantas. Propuso, en su diseño, un circuito peatonal por el perímetro de la plaza, incorporando una fila de bancos continua; incorporó, además, el odeón, un escenario para la banda de músicos, frente al portal Fernández Concha 76 . 73 Juan Parrochia B., Santiago en el tercer cuarto del Siglo XX, Editoria l Antá rtica S.A., Santiago, 1979, p. 28. 7 ' René Martínez, Santiago: los planos de transformación I894-1928, en "Santiago Centro un siglo de transformaciones", Il ustre Mun icipalidad de Santiago, Dirección de Obras Munici pales, Santiago, 2006, p. 22. 75 Fernando Riquelme S., Plaza de Armas, en Revista CANº 50 (Colegio de Arquitectos de Chile), Santiago, pp. 60-66. 76 Área de Remodelación en el Centro de Santiago, en Revista AUCA N º 24-25 (Arquitectura/ Urbanismo/ Construcción / Arte), Santiago, 1973, p. 24. 137

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