Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
con ropajes de oropel que cautivaban a las altas esferas de la aristocracia 71 . El repertorio de recursos se enriqueció con diagonales, extensas perspectivas y monumentos de gran escala. Los principios del urbanismo barroco se extendieron por todas las capitales euro- peas y también por las americanas. Adalides de estas propuestas fueron Francisco Pereira, en Río de Janeiro; Marcelo de Alvear, en Buenos Aires; Nicolás de Piérola, en Lima. En Chile, Francisco Echaurren, en Valparaíso; y, particularmente, Benjamín Vicuña Macken- na, en Santiago. Todos ellos lanzaban, de manera casi simultánea, ambiciosos proyectos que revolucionaron sus propias ciudades. Siendo corresponsal de El Mercurio, en Francia, Vicuña Mackenna (1831-1886) escribió, asombrado: Paris está profundamente transfor- mado. La ciudad no es ni la sombra de la que yo conocí hace quince años 72 . Una expresa petición del presidente Errázuriz Zañartu, el 20 de abril de 1872, con- venció a Vicuña Mackenna de que se convirtiera en el Intendente de Santiago. Mientras desempeñó ese cargo -hasta 1875- su labor fue prolífica e incesante. Bastaron tres años para que pusiera en marcha un ambicioso plan de obras que redundó en notables progre- sos para la ciudad. Muchos de los proyectos los había concebido y dado a conocer antes, cuando hablaba de "transformar Santiago en el París de América". Sus intervenciones abordaron aspectos urbanísticos, sociales y estéticos. Y es que los viajes por Europa lo habían poblado de ideas nuevas. Aspiraba a transformar la capital chilena, dotándola de las virtudes que respiró en el Viejo Mundo. Se tuteaba con la belleza y tenía un natural sentido de la ecología. Reconocía el valor de la educación, de la tradición y, muy especial- mente, de la identidad. Enunció, en ese periodo, al menos siete proyectos con los cuales pretendía cambiar el rostro de la capital: • La canalización del río Mapocho. • La creación de una avenída de circunvalación: entre la Alameda, por el sur; calle Ma- tucana, por el poniente; la ribera del río Mapocho, por el norte; y, por el sur, el faldeo del cerro Santa Lucía. • La plantación de árboles nativos en el Parque O'Higgins. • La ampliación de la Plaza de Armas hacia el norte y la renovación de su arborización. • La creación de plazas de trasbordo en la periferia de la ciudad. • La formación de plazas de esparcimiento en los barrios marginales de la ciudad. • La conversión del cerro Santa Lucia en un paseo público, con avenidas para carruajes, jardines y lugares de recreo. Entre otras labores realizadas en este periodo propuso, además, la ampliación de la Plaza de Armas, que comprendía la demolición de los edificios que la enmarcaban por el norte: se trataba de crear un jardín público con servicios higiénicos, fuentes de agua, flores y 71 René Martinez L., Santiago. Metrópoli en crisis, en Revista AUCA Nº 37 (Arquitectura / Urbanismo/ Construcción/ Arte), Santiago, 1979, p. 9. 72 Ricardo Donoso, Benjamín Vicuria Mackenna. Su vida, sus escritos y su tiempo (1831 -1886), Editorial Francisco de Aguirre, Buenos Aires, 1977, p. 206. 136
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