Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

En los planos de Thayer Ojeda y Frézier es posible apreciar que entre la mitad del siglo XVI y principios del siglo XVIII se incorporó un número importante de edificios institucionales, la mayoría religiosos. A los templos de las primeras órdenes religiosas avecindadas en la ciudad se ha agregado una serie de nuevos edificios, preferentemente en las áreas periféricas. Así, en el extremo sur de La Cañada se localizan la CapilJa de San Miguel, el Noviciado de los Jesuitas y el de los Agustinos. Más hacia el oriente, cerca del convento de San Francisco -contigua a la Universidad de Chile-, se localizaba la iglesia de San Diego. El antiguo Hospital del Socorro dio origen al Hospital San Juan de Dios. En el extremo oriente, frente al cerro de Santa Lucía se instaló el Monasterio de las Carmelitas de San José. De La Cañada al sur, en plena área suburbana, surgió la Parro- quia de San Isidro. Por su parte, en La Chimba, los franciscanos levantaron igualmente un noviciado. Todos estos edificios religiosos que se localizaron en terrenos periféricos, buscando el aislamiento que precisaba su modo de vida contemplativo, constituyeron los focos que encauzarían el desarrollo urbano de la ciudad a lo largo del tiempo. Ese pano- rama ya se advierte en el plano levantado por Frézier. Con casi cien años de diferencia, el plano incluido en la obra de fray Manuel So- breviela 68 y, posteriormente, el levantado por Claudio Gay, en 1831 -que constituye el primero que técnicamente se acerca a una representación más real y total de la ciudad de Santiago-, son los que aportan mayor cantidad de información. Obviando la mayor exactitud topográfica del levantamiento realizado por Gay, am- bos planos reflejan el progreso alcanzado por la ciudad de Santiago durante el siglo XVIII, lo cual se evidencia notoriamente si lo comparamos con el plano de Frézier. Al respecto, es útil recordar que el siglo XVII I fue un periodo de claro avance en la Capitanía General de Chile. En el caso del desarrollo urbano de la ciudad de Santiago, ello se refleja en la construcción de importantes obras públicas, principalmente las que dicen relación con la superación definitiva del umbral de crecimiento que desde los orígenes mismos de la ciudad había significado el río Mapocho. La realización, primeramente del majestuoso Puente Nuevo, conocido como de Cal y Canto, y la posterior reposición de las destruidas defensas ribereñas - los tajamares- que protegían a la ciudad del embate de las aguas en los periodos de crecida de su caudal, posibilitó, en primer término, la incorporación efec- tiva y permanente de La Chimba al funcionamiento de la ciudad, ya que desde siempre esta área suburbana había mantenido una existencia marcada por el aislamiento impues- to por el régimen fluvial que proponía el Mapocho. La existencia de La Chimba se hacía cada vez más manifiesta; así, incluso antes del inicio de las obras del Puente Nuevo, se fundó primeramente la Iglesia y Convento de la Recoleta Dominica y poco más tarde, el Monast erio de las Carmelitas Descalzas de San Rafael. Ya en los inicios del siglo XIX surgió la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de la Cañadilla, más conocida corno "Iglesia de la Estampa Volada". A su vez, la incorporación en ambos planos -el de Gay y el de Sobreviela- del antiguo Camino de Chile, de La 68 Manuel Sobreviela, Descripción histórica geográfica, polirica, eclesiástica y militar de la América 1vferidional, 1809 ( obra conservada en el Museo Británico de Londres), citado por Santiago Lorenzo en "Origen de las ciudades chilenas. Las fundaciones del siglo XVIII", Editoria l Andrés Bello, Santiago, 1986, p. 187. 134

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