Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

A partir de 1850 se construía con entusiasmo. Se levantaban, además, tres edifi- cios en torno a la Plaza de Armas. Se calcula que hacia 1852 Santiago tenía una población de 80 mil habitantes. La existencia de una suave pendiente natural, cercana al 1 % en el sentido oriente- poniente, fue aprovechada desde los primeros tiempos para hacer escurrir, a través de un sistema de acequias a tajo abierto, el agua que se extraía del río Mapocho en el sector denominado "Cajas de Aguas". Ese hecho contribuyó, involuntariamente, a la jerarquización de las calles que corrían de oriente a poniente. El historiador René León Echaíz, en su Historia de Santiago, señala: ... Por extrañas razones los pobladores dieron más importancia a las calles que corrían de oriente a poniente y se extendían des- de las faldas del Santa Lucía en suave pendiente hacia La Cañada de García Cáceres. Frente a estas calles se ubicaba generalmente la parte principal de las habitaciones, que- dando en las otras solo las murallas laterales y los portones de servicio o "puertas Jalsas 66 . Las acequias referidas, claramente identificadas en el plano de Frézier, impusie- ron una forma de uso de la cuadrícula de la ciudad durante bastante tiempo. Dichos cursos de agua, desprendiéndose desde el oriente de la ciudad, iban cruzando por la parte media todas las manzanas y calles hacia el poniente, utilizándose su agua para diversos fines. Si bien el padre Alonso de Ovalle señala que uno de sus principales usos consistía en barrer y llevar la basura e inmundicias, amén de facilitar el regadío de las calles cuando era necesario, es justo reconocer que su función prioritaria era surtir de abundante agua de riego a los huertos existentes en los solares. Y es que por mucho tiempo las actividades agrícolas fueron comunes a la vida urbana de Santiago, sobre todo en las zonas periféricas de aquel entonces, donde, por ejemplo, las manza- nas -a pocas cuadras al poniente de la Plaza de Armas- mantuvieron por largos años el carácter de chácaras 67 . Lo lógico era, por lo tanto, que aquella zona de los solares por donde surcaban las acequias - y por el uso que de ella se hacía- fuese considerada el fondo de las propie- dades. Por contrapartida, el lado opuesto -el frente-, coincidía con el trazado de las calles oriente-ponient e. El hecho que las vías en dirección norte-sur tuvieran que cruzar estas calles y las diferentes acequias -para lo cual debieron construirse puentes apropiados- , explica la denominación que se les daba de "call es atravesadas". Lo concreto es que la condición natural del terreno y su utilización práctica por parte de los vecinos fue lo que impuso un uso jerarquizado y significativo a la trama de calles de la ciudad, diferenciando entre principales y secundarias. Este hecho tras- cendió a la disposición de los edificios en los solares, estableciendo una costumbre que inclusive perduró hasta después del periodo colonial. 66 René León Echaíz, Historia de Santiago, Tomo 1: La Colonia, Imprenta Ricardo Neupert, Sección Chilena, Biblioteca Nacional, Santiago, 1975, p. s/n. 67 Alonso de Ovalle, Histórica relación del Reino de Chile y de las missiones y ministerios que exercita en el /,a Compa,iía de Jesús, Col. Colección Biblioteca Nacional, Santiago, 1646, p. 299. 132

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