Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Y como siempre ocurre con las transformaciones en la moda y las costumbres, tam- bién hubo quienes estimaban que la decoración había caído en inaceptables excesos. Uno de ellos fue el puertorriqueño Eugenio María de Hostes, radicado en Chile por motivos políticos: El bienestar individual, resultante de la prosperidad social, ha despertado el gusto de lo bello en algunos poderosos validos de la fortuna, y ha empezado a formarse un museo doméstico, creación adulterina de la vanidad y el lujo. Ya han llegado algunas colecciones de cuadros, de acuarelas, de grabados, de dibujos, una estatua... 36 • Nuevos vientos provenientes de Europa traj eron consigo la arquitectura metálica. Se pusieron en marcha algunas tímidas exploraciones. Pero no pasó demasiado tiempo antes de que este novedoso sistema constructivo se difundiera. El dominio del material y sus cualidades expresivas se hicieron manifiestos en el puente sobre el río Mapocho, en 1859; en el Mercado Central, en 1863 y en la Galería San Carlos, en 1870. Es perceptible la transición que se produjo entre el periodo colonial y la época repu- blicana en la arquitectura santiaguina. Un proceso lento, sin duda, pero que supo abrir paso a nuevos procedimientos constructivos y, con ello, a otras formas de expresión que pusieron en jaque la socorrida fórmula de las casas de tres patios, siempre de adobe y teja, siempre sobria y monótona. Solo hacia el Centenario, en 1910, asomó el modelo de la ciudad republicana y bur- guesa que las clases ilustradas preconizaron durante el siglo XIX, esto es, una representa- ción de una ciudad que sustituyera a la anterior, derivada de la impronta española de la Colonia. Romero afirma que el audaz principio de la modernización de las ciudades fue la ruptura del casco anti- guo, tanto para ensanchar sus calles como para establecer fáciles comunicaciones con las nuevas áreas edificadas. Pero dentro de este esquema se introducía una vocación barroca -un barroco burgués- que se manifestaba en la preferencia por los edificios públicos monumentales con una amplia perspectiva, por los monumentos emplaza- dos en lugares destacados y también por una edificación suntuosa y de aire señorial3 7 • LA CATEDRAL DE SANTIAGO Los edificios religiosos persistían invariablemente en el mismo sitio. Una y otra vez se levantaban de sus escombros después de las sacudidas sísmicas. Casi siempre era la gran oportunidad de proponer una versión mejorada y, en muchos casos, la satisfacción de al- gún capricho de las autoridades eclesiásticas. Para lograrlo había que echar mano a todos los recursos disponibles. El arquit ecto Gabriel Guarda sostiene que las iglesias de las ciudades y villas, erigidas en el momento de la fundación de estas -todas ellas futuras parroquias- , lo eran por muni- ficencia regia, al igual que, como consecuencia de lo anterior; las catedrales, para las que el 36 Eugenio María de Hostos, A Chile en su exposición de setiembre, Imprenta de la República de Jacinto Núñez, Santiago, 1873, p. 39. 3' José Luis Romero y Rafael G utiérrez Girardot, Las ciudades y las ideas, Siglo XXI editores, Buenos Ai res, Segunda edición, Buenos Aires, 2004, p. 322 . 119

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