Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

aulas el conocimiento adquirido en Europa, desplegó sus capacidades como proyectista, infundiendo a su arquitectura renovados aires estilísticos. En cierto modo, impuso una nueva estética en la ciudad. A él se deben el Pasaje Bulnes (hoy Pasaje Matte) y el extinto portal MacClure. Tam- bién las desaparecidas casas de Domingo Fernández Concha, en la Alameda; la casa de Rafael Larraín Moxó, en Huérfanos esquina con Bandera, y la de Melchor Concha yToro, en Huérfanos esqui na con San Antonio. Unos de los principales discípulos de Brunet Debaines fue el arquitecto francés Lu- cien Ambroise Hénault (1823-s/d), quien continuó con las obras inconclusas de su maes- tro y con la enseñanza de la arquitectura en Chile. Periodo pródigo en obras que comienzan a vestir la ciudad con una morfología nueva, de preferencia cargada de códigos neoclásicos: el Congreso Nacional, la Universidad de Chile, el Teatro Municipal, la casa de la Familia Errázuriz, el Edificio del diario El Mercu,- ri.o, el Cuartel de Bomberos, los Arsenales de Guerra. Y unos cuantos edificios religiosos, tales como la Iglesia de los Capuchinos, la Recoleta Dominica, la Iglesia del Corazón de María, la Iglesia de San Ignacio, la Iglesia del Sagrario, la Basílica del Salvador, la Iglesia de la Vera Cruz. Y un buen número de mansiones particulares que hoy son parte del obituario edilicio. Según el testimonio de Ramón Subercaseaux, la Exposición de Santiago de 1875 tuvo gran efecto en la transformación de los gustos de la clase dirigente y, por difusión, en otros sectores sociales. El gobierno y los comerciantes franceses se habían preocupado de mostrar en esta exposición lo mejor de su industria y de sus artes con el fin de expandir el comercio en Chile y también en el resto de América. De acuerdo con el informe enviado al Ministro de Marina francés por el contralmirante Périgot, Jefe de la División Naval del Pacífico, ese año la muestra de los productos nacionales había sido todo un éxito. Resultaba del todo lógico que, existiendo un mayor poder adquisitivo producto del enriquecimiento, y teniendo la posibilidad de adquirir objetos ornamentales que en Chile no se fabricaban, las clases superiores se volcaran hacia la decoración de origen francés. Domingo Amunátegui Solar, decano de la Facultad de Humanidades y Bellas Artes de la Universidad de Chile, en su Memoria Anual de 1894, justificaba el por qué Chile estaba, y estaría por mucho tiempo, sujeto a esa dependencia de la decoración del Viejo Mun- do: Por muchos años permaneceremos esclavos de las bellas artes europeas... Compraremos cu,adros y esrulturas europeas; emplearemos en el edificio de nuestros palacios y de nuestras casas de lujo arquitectos europeos... Esto, sin embargo, no debe desanimamos... Las naciones europeas han atravesado un largo peri.oda de ensayos; nosotros tenemos a la vista modelos perfectos, y podemos aprender bajo la dirección de maestros eximíos3 4 . El boato de las familias más poderosas y adictas a los viajes se manifestaba en la de- coración de sus hogares. A semejanza de la aristocracia francesa, consideraban que los muebles y los elementos ornamentales de sus casas eran más que un asunto estético: representaban su verdadera posición dentro de la sociedad 35 . 3 ' Domingo Amunátegui Solar, Bosquejo histórico de la literatura chilena. Periodo colonial, Casa editoria l Minerva, Imprenta Universitaria, Santiago, 1918, p. 78. 3 s Domingo Amunátegui Solar, óp. cit., p. 81. 118

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