Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Se observa la ancha avenida con álamos y riachuelos. Una plaza sin sombra exhibien- do en su centro una fuente de mármol, un modesto puente de arquería cerca de otro aún más modesto, una multitud de iglesias sin gracia y de torrecillas de conventos, es todo lo que se ve digno de atención 29 . Aunque predominaban las casas sencillas, austeras, construidas en adobe y t eja -adj etiva- das por corredores, zaguanes, pilares de esquina y enrejados-, a mediados del siglo XIX se filtraban ciertos elementos propios del repertorio formal neoclásico. En 1815 se prohibió lanzar basura en La Cañada y se habilitaron carros para recogerla directamente de las casas. En el mismo año se ordenó a los vecinos que se preocupasen por el alumbrado público. Cada vecino, en efecto, debía mantener un farol afuera de su vivienda. A contar de 1816 el Alcalde fue el encargado de iluminar la vía pública desde el ac- tual cerro Santa Lucía hasta la Avenida Brasil, en sentido norte-sur; y desde la calle San Pablo hasta La Cañada, en el sentido oriente-poniente. Asimismo, se ordenó: despejar de escombros las veredas, que los artesanos y vende- dores no obstaculizasen el paso de los peatones, que los carreteros entrasen a pie a la ciudad y que nadie corriera a caballo. Se dispuso, además, que los sauces que existían en La Cañada fueran reemplazados por álamos, al igual que los de los tajamares. Más aún: que se compusieran los puentes y que las acequias interiores se protegieran con rejas. La Plaza, hacia 1820 Muy poca diferencia había experimentado la Plaza de Armas en los últimos años. A fines de la época colonial no habían variado las dimensiones que le fueron asignadas al mo- mento de su trazado original. La Catedral se construía lentamente, con piedras del cerro Blanco -sector de La Chimba-, según los planos de Toesca. Al lado de la Catedral, hacia la calle Compañía, terminó por desaparecer el viejo por- tal del obispo Salcedo, que sobrevivía en pésimo estado y fuera de la línea oficial. El portal de Sierra Bella, por su parte, albergaba el comercio tradicional bajos sus ar- cos. Cuando asumió O 'Higgins se reemplazaron los baratillos por las recovas, eliminando, de ese modo, las carpas que instalaban los comerciantes para pernoctar allí. Se consiguió mejorar, entonces, la imagen y la higiene de la plaza 30 . Posteriormente se estableció, en un sitio llamado "El Basural", a orillas del río Mapo- cho, la Plaza de Abastos, que consistía en unos cuantos cobertizos improvisados donde se instalaron los negocios. En el borde oriente de la plaza se repartían cuatro casas que se caracterizaban por sus altillos, mojinetes levantados, cubiertas de tejas y ventanas bajas. 29 Carlos Peña Otaegui, óp. cit., p. 278. 30 Carlos Valenzuela Solis de Ovando, La Plaza de Armas de Santiago. Cuna de Chile, Editorial La Noria, Primera Ed ición, Santiago, 1993, p. 81. 116
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=