Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

LA PLAZA A FINES DE LA COLONIA La Plaza de Armas, corazón de la ciudad, conservaba aún las dimensiones que le fueron asignadas al momento de su trazado primitivo. Se encontraba sin empedrar y en uno de sus costados se establecía el cobertizo de la feria de abastos que no hacía más que otorgar un aspecto deplorable al espacio público. Debía resistir, además, las frecuentes inundacio- nes, cuyo sedimento era el porfiado barro en toda su superficie; y también la preparación de comidas frente a la Cárcel, que transformaba la plaza en un vertedero de residuos. Y llegada la noche se convertía en un campo de fechorías. Era el momento de uti lizar, entonces, la columna del rollo para castigar a los malhechores. Santiago era entonces un gran villorrio, más bien apacible, que iniciaba un aletargado crecimiento para ir mutando sin prisas en una moderna ciudad. La Casa de los Gobernadores, construida entre 1709 y 1716 había sido restaurada varias veces a causa de su precario estado 22 . En 1796 comprendía tres salas y dos patios. Los demás aposentos eran la tesorería, el oratorio, el comedor, el cuarto de gabinete y el dormitorio del Presidente. La cubierta era un tejado de color perla; las rejas de las venta- nas, de color verde y oro. Entre las dependencias del palacio se contaban la cocina con su patio, las caballerizas para 12 caballos y las cocheras para la carroza. Este edificio deslindaba con la Real Audiencia, donde se encontraban la tesorería, los archivos y el tribunal de cuentas. En el patio llamado de La Callana se encontraba la fundición para el oro y la plata, junto con sus dependencias respectivas. En 1780 el go- bernador Muñoz de Guzmán decidió, finalmente, la demolición del edificio para levantar, en su lugar, tres años más tarde, el edificio proyectado por Toesca. A modo de resumen se pueden reseñar las principales obras de este periodo: los Edi- ficios de Gobierno, reconstruidos a principios del siglo XVII; la Universidad de San Felipe, reconstruida en 1756; el puente Cal y Canto, construido entre 1767 y 1782; la Catedral; La Merced, reconstruida luego del terremoto de 1647; la Iglesia de Santo Domingo; la de San Francisco, cuya torre, derribada por el terremoto de 1647, hubo de ser erigida nuevamente; La Compañía, reconstruida entre 1670 y 1709, luego de otro terremoto. Se agregan San Agustín y la Recoleta Franciscana 23 . En las viviendas particulares -casi siempre de un piso, o con un altillo hacia el ex- terior- se acentúan ciertas cualidades que provienen de la época anterior: la portada, el zaguán, los corredores, el pilar de esquina. La planta se distribuía en una sucesión de tres patios, en tomo a los que se ordenaban, en hilera, los recintos. Como materiales predo- minaban el adobe y la teja. Característicos exponentes de la época son la Casa Colorada, la Posada de Santo Domingo y la Posada del Corregidor. La llegada a Chile del arquitecto italiano Joaquín Toesca, en 1780, trajo consigo aires europeos, emparentados con los cánones neoclásicos. 22 Hernán Rodríguez V ., La rransfom1ación de Santiago, Vicuña Mackenna 1875, en Revista C,\ Nº 81, Santiago, 1995, p. 28. 23 Crescente Errázuriz Valdivieso, óp. cit ., p. 346. 111

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