Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Alrededor de 1670 la propiedad pasó a manos de Pedro de Torres, quien cons- truyó, detrás de los portales, una lujosa mansión. Los portales, construidos de cal y canto, constan de 22 pilares que forman un corredor entre las calles de los Mer- caderes (hoy Ahumada) y la de San Agustín (actual Estado). Después del terremoto de 1690 el portal se tuvo que refaccionar. En 1827 fue nuevamente dañado, esta vez por un voraz incendio. Hubo necesidad de una pronta reparación por parte de sus dueños. De otro modo tendrían que haberse resignado a la demolición por orden del Cabildo. Esta reconstrucción permitió ganar en altura: el edificio se alzó, esta vez, hasta los tres pisos 18 . En 1852 el portal fue heredado por doña Carmen Vásquez de Acuña y Mes- sía, esposa de don Manuel Santiago Concha. En 1869 sobrevino un incendio que lo destruyó por completo. El terreno fue comprado por los hermanos Domingo y Pedro Fernández Concha, quienes mandaron a construir un nuevo edificio con el nombre de Portal Femández Concha. Sus locales acogieron a las más prestigiosas tiendas del Santiago de entonces. A Manuel Bulnes se debe el pasaje Matte: fue él quien hizo comprar para sí, en 1870, la casa que se encontraba al centro del portal; su lugar fue ocupado por locales comerciales. Encima de ellos se instaló el Hotel Santiago. La plaza fue surtida de agua tempranamente. Ya en 1577 se practicó un ca- nal a tajo abierto para conducir agua a través de tuberías de greda cocida desde las vertientes de Tobalaba hasta tres piletas localizadas en la ciudad: una en cada convento y, la tercera, para el uso público, en la Plaza de Annas. Un siglo después se instaló, en la propia plaza, la fuente de bronce fabricada por un arriero español llamado Alonso Meléndez. En 1838 la fuente fue trasladada a la plazuela de San Miguel, luego a la Recoleta Franciscana, posteriormente al cerro Santa Lucía, para t erminar en el Palacio de La Moneda, donde se encuentra hasta el día de hoy. LA PLAZA A FINES DEL SIGLO XVII La Plaza de Armas continuaba siendo el espacio para el mercado, una feria popular don- de se podía adquirir productos alimenticios y textiles. Foco de activo tránsito humano y animal. Los portales de la plaza alojaban a vendedores y compradores en días de lluvias y de clima severo. En ciertas fechas la plaza albergaba actividades especiales, celebraciones o fiestas. Obligado referente era la pileta instalada por el gobernador Juan Henríquez en el centro de la plaza, abrevadero de hombres y animales. El propio Henríquez se encargó de em- pedrar las calles alrededor del centro de la ciudad. Los costados de la plaza eran apropiados para el aparcamiento de las carretas y el descanso de los animales. En la banda poniente emergía la catedral. Al sur se levantaba el recientemente construido portal, en terrenos del obispo Salcedo. 18 Alfredo Benavides Rod ríguez, óp. cit. , p. 154. 107
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